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reflexiones poéticas

Antes de escribir

¿Qué hay antes de la escritura?, ¿qué de eso se cuela en las letras que creamos?, ¿qué reconocemos en nuestro texto como anterior a él? Sobre estas cuestiones reflexiona Roberto Appratto y lo comparte en esta nota.
Antes de escribir

Hay momentos de escritura que preceden la escritura: cuando algo de la poesía que se ha leído, un posible modelo, aparece. Es un asunto de lectura, de la propia tradición, de lo que uno sabe, de uno mismo. Antes de escribir un solo verso aparece otro, ajeno, en una operación de agudización de la sensibilidad: no de los sentimientos, sino de los sentidos, como si uno pudiera percibir, en un verso recordado, algo más que el verso y algo más que el contexto del verso, que también se confirma en ese doble movimiento. Ese algo más, de una manera extraña, inventa su propio lugar en la conciencia y define su pertinencia. Sin pensar mucho: en el envión entra, como en una vaina, lo que se querría decir, y que nunca estaría mejor que así. Cada uno tiene su propio sistema circulatorio de referencias.
Por ejemplo, en un poema del nicaragüense Carlos Martínez Rivas, «La puesta en el sepulcro», una estrofa empieza así: «Cuando en las sucesivas fases/de tu errabunda búsqueda femenina/ames a otro». Y eso es lo que aparece. Al recordar «errabunda búsqueda femenina», eso salta para afuera del poema, sale de su contexto e ilumina, de inmediato, por el ritmo, por la acentuación en la «u», por la manera de adjetivar la búsqueda femenina, y por el final del período en «ames a otro», achicando el espacio rítmico, lo que uno puede pensar, en ese momento, no solo acerca de ese poema, no solo de lo femenino, sino del texto que va a escribir. Para llegar a ese punto hay que suspender la lectura de «contenidos»; hay que pensar en la exactitud de «errabunda» como un adjetivo por ampliación del marco habitual de «femenina», y que por no coincidir con ese marco, precisamente, define la búsqueda ahí. Es decir: inventa su propio contexto, hace que los significados nazcan y mueran en el lugar. Uno se pregunta qué quiere decir, y en ese preguntarse está la pertinencia. No es un camino literario el que sigue en ese instante, no es la literatura la que contesta las preguntas, no son las palabras solas las que salvan, pero no puede llegarse a eso si no es por la literatura. Como si se dejara entre paréntesis no solo el poema, sino la historia de la poesía, que vuelven, enteros, cuando uno puede ver, en el golpe de la llegada, la grandeza de la poesía como designación del mundo. Es un modo extraño de la inspiración, una manera de decir que se vuelve verdadera. La agudización de la sensibilidad agudiza la memoria, y por consiguiente la escritura, que aún no ha comenzado.

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