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Manual para lectores sagaces

Seis tipos de escritores

«Inventores», «maestros» o «diluidores» son algunas de las categorías que Ezra Pound define en El ABC de la lectura, para referirse a los escritores según sus aportes a la poesía. Roberto Appratto recupera estas tipologías y nos invita a una lectura crítica, cuestionadora del gusto más personal.

Ezra Pound, autor de «El ABC de la lectura».

Quien escribe, en una fase de su formación, intenta medirse con obras o figuras que marcan un camino posible. A veces son nombres, que pueden ser los canónicos u otros; otras veces son actitudes o maneras de concebir el oficio. En El ABC de la lectura (1934) Ezra Pound encaró este problema al hacer una tipología de escritores en función de su aporte a la poesía. No da muchos ejemplos, lo cual ayuda a generalizar las categorías sin depender de su criterio.

En primer lugar figuran los «inventores», y luego los «maestros». Los primeros son los que inician un proceso, o dan la primera  versión conocida de un proceso: en términos históricos, los que se dieron cuenta de una posibilidad que cambiaba el rumbo de la escritura y la pusieron en movimiento. Son los ejecutores de un movimiento que manda la poesía en una dirección nueva; puntos de quiebre de la historia de la poesía vistos a esa luz.

Los «maestros» son aquellos  que entienden la invención y la usan igual o mejor que los «inventores». Son los que difunden y dan las mejores versiones de ese primer paso: perciben sus ramificaciones, sus combinaciones, sus extensiones. Puede decirse que su función es didáctica, porque hacen ver la invención como algo vivo de lo que se puede aprender para ponerlo en circulación.

El tercer escalón es el de los «diluidores», los que vienen después y «no pueden hacer tan bien el trabajo», y por consiguiente lo «diluyen». Eso significa privar a la invención de fuerza de cambio, convertirla en una moda a ser usada en función de su prestigio. Consistiría ya no en entender, sino en tomar lo más superficial de la invención.

La cuarta categoría es la de los «buenos escritores sin cualidades destacables: aquellos que cumplen con las normas de la escritura sin aportar nada. Finalmente, en la quinta y sexta categorías se incluye a los «cultivadores de belles lettres», los que se especializan en algún sector menor del oficio, y los «iniciadores de manías». En ambos casos son escritores que intentan justificar su lugar en la historia mediante la exhibición de su excentricidad, que se hace pasar por valiosa sin serlo.

Para Pound, si el lector no distingue las dos primeras categorías de las otras nunca podrá ver el panorama de la poesía: podrá saber lo que le gusta, pero no sabrá estimar el valor de un libro en relación con otros, ni cuándo se rompe con las convenciones, ni qué hacer con un clásico. Es necesario aprender y cuestionar ese gusto todo el tiempo. Las categorías, como se puede apreciar, están intactas.

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