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la poesía incomprendida

Leer poesía a su tiempo

Roberto Appratto nos propone leer poesía sin tantas preguntas ni tantas respuestas, sin conclusiones, sin especulaciones de estilo, gramática o contenido. La poesía se muestra como un todo complejo difícil de desmenuzar que hay que dejar fluir en el camino de lectura, entregándonos al texto poético como una experiencia placentera y no académica.

«Helicóptero», de Vicente Huidobro

Hay un modo de no entender un texto literario, poético o no: el de no darse cuenta de para qué se dice algo ni por qué se dice; qué sentido tiene una palabra, qué sentido tiene juntarla con otra, establecer una asociación, insertar una imagen. Eso, en espacio reducido: lo mismo rige para las relaciones que se establecen en un párrafo entero, en un poema entero. Es cuando se pregunta «¿qué quiso decir acá?». Se puede resolver el problema con el estilo: «Ese tipo escribe siempre así». Pero no alcanza.

Se sabe que los significados de las palabras son los mismos, en un poema, en un artículo periodístico, en un folleto explicativo, en una carta. A lo sumo puede haber un código, un léxico regional, que se despeja rápidamente. Pero para un texto poético no alcanza saber eso: ahí, las palabras, las asociaciones, las referencias, el hecho mismo de usarlas, quieren decir otras cosas. La complejidad, aun en grados mínimos, manda el texto a otra parte, obliga a pensar en términos que no pueden recuperarse ni con el diccionario ni con la gramática. Hay un saber oculto, entonces, del cual deriva lo que se dice. Pero no es oculto porque sea misterioso: no se entiende porque se trata de asimilar los significados del poema a los otros, los que están en la cultura como un saber general o como un lugar común de la propia literatura. Es una equivocación de lectura.

En el último verso de «Soneterapia», un soneto de Augusto de Campos, se dice: «Só o incomunicável comunica» («Solo lo incomunicable comunica»), y eso suena como un himno del concretismo brasileño, y, por extensión, de toda la vanguardia. Pero es un concepto relativo: esa incomunicabilidad implica la apertura a algo específicamente poético por medio de la forma, e implica el fracaso de la búsqueda de un significado «común». El poema sería un ruido que multiplica posibilidades de significación y obliga, para no ser ruido, a pensar qué otra cosa comunica cuando se comprende en su contexto y no en otro, el del saber general. Por lo tanto, toda especulación acerca del «otro saber» que puede brindar la poesía queda reducida a nada si se piensa que es una cuestión interna, textual, lo que se juega en la vida de cada poema; es por ahí, por la atención a los movimientos del texto, que se puede entender por qué se escribió esta o aquella palabra, por qué se puso énfasis en un punto, en un procedimiento, en una manera rítmica. Para que esto deje de ser una cuestión académica, conviene leer poesía sin apurar conclusiones, a su tiempo.

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