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Frases (de un film)

Leer a Godard

No es un guion impreso; es poesía. Roberto Appratto nos cuenta como en Elogio del amor (Interzona, 2017), el cineasta francés Jean-Luc Godard despoja su obra cinematográfica homónima de toda imagen, descripción, personaje o estructura formal para transformarla en versos libres, en «frases». 

Leer a Godard

Elogio del amor es una película de Jean-Luc Godard de 2001 en la cual se narra una historia, como siempre en Godard, de una manera muy particular: en su argumento, un joven director, Edgar, habla en off acerca de un proyecto titulado Elogio del amor. En él se propone plasmar las cuatro instancias del amor: el encuentro, la pasión física, la separación y el reencuentro en tres parejas de amantes, cada una en las tres edades del hombre: la infancia, la madurez y la vejez. Pero es un proyecto, el ensayo de una forma que puede derivar en una película pero también en una ópera o en una obra de teatro. La película es el relato multiforme de la investigación de Edgar: se habla de lo que se quiere contar, pero el impulso ensayístico de Godard lo lleva a fusionar imágenes con sonidos, con ideas, con reflexiones sobre el cine, sobre el lenguaje, sobre la historia, sobre los modelos de expresión establecidos (sobre todo los de Hollywood), sobre la posibilidad de narrar dentro y fuera del cine. En ese complejo movimiento, que incluye imágenes de películas, recorre a la vez las calles de París y la historia del cine, los fundamentos de la expresión artística y la memoria de la ocupación. El resultado es una superposición de capas de sentido que da testimonio de las búsquedas de Godard. Elogio del amor queda más cerca, en este caso, de la poesía que de la autobiografía o el ensayo, que se agregaron en los últimos años a su intención narrativa.

Pues bien: la editorial porteña Interzona publicó, hace un par de años, un libro llamado Elogio del amor. Dicho libro, que exhibe en su carátula la imagen de una guerrillera, o soldada, con una metralleta, es la transcripción de los diálogos de la película. Sin descripciones ni indicaciones escénicas, identificados en el título como Frases (de un film) los diálogos quedan, por decirlo así, sueltos en la página; se agrupan como versos, como unidades de un discurso de continuidad aérea. Un fragmento al azar:

                               

le pasa que a veces

piensa en la muerte

quiero decir, en su propia muerte

no

ha hecho su testamento

entonces

no

hubo alguien a quien fusilaron

durante la liberación de Francia

hace cincuenta años

escribió esto, por la noche

léanoslo   

 

y de inmediato (habiendo eliminado las imágenes) las palabras quedan asociadas a otras con otros referentes, formando nuevos bloques narrativos diseminados en el espacio, desconectados o en eco (cuando en la película hay dos emisores simultáneos).  El experimento, que Godard había hecho ya para JLG/JLG y For Ever Mozart), vale como extensión del proyecto de la película: no hay una forma, o hay muchas que compiten en el intento de elogiar el amor más allá de la historia planeada, a través de frases puntuales y referencias políticas y fílmicas, sin marcar dependencias de un tipo de discurso al otro. El libro, entonces, se presenta como un poema largo, disperso, oscuro, producto de una voz emitida en varios tonos, que modifica dramáticamente (como señala Matías Battistón, el traductor, en el epílogo) el significado de los diálogos al ponerlos en otro contexto.  

En definitiva, en esta forma de adaptación, la película pasa a ser una forma de la poesía; tratándose de Godard, no se puede hablar de «la película» sino del cine, tomado como referente mayor de la búsqueda. El verso libre le permite hablar de todo lo que se propone y soltarse, al mismo tiempo, para configurar una nueva forma expresiva. 

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