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Escritos extranormales

Levrero paranormal

La conciencia se extiende, la sensibilidad se expande y la literatura se vuelve mancia. El Inconsciente humano ocupa el primer plano y se vuelve protagonista de fenómenos paranormales que Levrero cataloga y analiza en Manual de parapsicología (Criatura editora, 2019), el primer libro que Teresa Porzecanski recupera para la columna «Escritos extranormales».

Instalación en la muestra «Levrero hipnótico». Foto: CCE Montevideo.

Los escritores, se sabe, somos básicamente observadores y, mas aún, «seres imaginantes», por lo tanto no es sorpresa que Mario Levrero (1940-2004) haya escrito un manual de parapsicología en 1978. Historietas, acertijos, juegos de palabras y, desde luego, sus cuentos y novelas configuran caminos exploratorios de formas expresivas que se ajustan a su subjetividad. Una vez, estando en su casa, mientras discutíamos acaloradamente en grupo sobre los contenidos de la conocida revista Maldoror, nos propuso sentarnos, cerrar los ojos e imaginar una inmensa playa acariciada por suaves olas... De ahí en más nos daba ciertas guías para que la respiración se enlenteciera, y al cabo de un rato, al abrir los ojos, todos nos sentíamos como un todo y de acuerdo en lo que antes discutíamos, así como un chamán moderno era capaz de ver, más allá de lo real, escenas que podrían influir en la conciencia.

En este Manual, que es una síntesis de definiciones y una aproximación sencilla, que no pretende ser académica, a los fenómenos paranormales, Levrero apuesta por una expansión de la conciencia ordinaria para señalar que ella no lo es todo, y que cada persona, si presta atención, puede descubrir acontecimientos inesperados, tales como señales, coincidencias, advertencias, avisos que sugieren que otras dimensiones de la realidad se superponen a esta. La hiperestesia, esa cualidad de extensión de la sensibilidad, esta presente en nosotros aunque no la desarrollemos. La intuición, la comunicación telepática, las señales del cuerpo que producimos en la comunicación y que recibimos de los otros son siempre significativas y, sin referirse a desarrollos de Rank, Freud o Jung, Levrero nos invita, simplemente, a que prestemos la atención necesaria y expandamos nuestra recepción a dichas señales.

Según el escritor, «hay un funcionamiento secreto de las cosas», incognoscible a primera vista, que se activa toda vez que se inventa una escritura; algo que parece no provenir del «sí mismo», pero a lo que se puede acceder una vez que el autor escribe. Como bien se anuncia en el prólogo de Matías Nuñez a la última edición (Criatura editora, 2019), la literatura tiene algún rasgo de mancia, de predicción intuitiva, personajes e historias que se conectan y discurren, de acuerdo a una imposición aparente, que viene desde afuera, de un sistema en el que cosas y personas se activan, fuera del campo de la lógica, de propio modo y dominan a quien las escribe. Si el escritor es apenas un receptor, entonces las teorías sobre la tan llevada y traída inspiración o sobre un plan anterior concebido en la mente son cuasi falsas. La lectura que el escritor hace de algo que le llega desde alguna otra dimensión de los acontecimientos se impondría. En el primer capítulo, en el apartado «Mancias», Levrero aborda los estados de trance, en ocasiones autoinducidos, que califica de «peligrosos», y cuya función sería la de hacer aflorar el inconsciente: «las mancias son, por así decirlo, el rito —práctico o simplemente mental— que da al sujeto una sensación de seguridad que le permite entrar por sí mismo en una estado ya sea leve o profundo de trance hipnótico».

El libro, muy ordenado, sigue un índice que incluye toda clase de fenómenos extraordinarios y facultades: hiperestesia, prosopopesis, psicobulia, simbiosis psicofísicas, trances, mancias, espiritismo, alteraciones de la percepción, radiestesia, psicografía y psicofonía, xenoglosia, telergías, hasta momificación y ectoplasmia. En los años en que Levrero escribió este manual, el positivismo racionalista imperaba mucho más que ahora, y estos temas parecían de lejano esoterismo. Pero el mundo ha cambiado sensiblemente, y ahora las predicciones hacen propaganda por televisión, los videntes nos anuncian lo que va a pasar en el próximo año y la gente se ha acostumbrado a escuchar tanto el pronóstico meteorológico como cualquier otro vaticinio.

Las crisis económicas, las endemias y pandemias, los encierros, los conflictos internacionales, las incertidumbres que condicionan la vida misma nos acercan cada vez más al misterio de un conocimiento que se utilizó de maneras diversas en las culturas prehistóricas y antiguas, tomando nuevo impulso en el Medioevo, para luego ser aplastado por la Ilustración y la Modernidad. Ahora, ante el fracaso de tantas utopías de armonía y paz mundial, el ser humano comienza a preguntarse por qué se han descartado radicalmente otras formas del saber que no tienen casi comprobación empírica, aunque universidades y académicos prestigiosos como C. G. Jung, J. B. Rhine, W. Pauli y Rupert Sheldrake, entre otros, han insistido, desde hace décadas, en investigar estas corrientes subestimadas. Pálpitos, sueños, sincronías, coincidencias, lo que llamamos azar, buena o mala suerte pueden no ser casuales sino causales, indicando caminos que hay que seguir o no, maneras en las que el universo nos «habla», nos muestra o enseña.

«Todo es oscuridad y misterio; mi vida es un presente continuo, y lo que toco es mi presente; el futuro solo está contenido en este impulso ciego, esa búsqueda del Algo indefinido, esa hambre...», escribe Levrero en el «Apéndice IV». En el V, define a la Parapsicología como una ciencia que se enfrenta a prejuicios colectivos. Los fenómenos «extraordinarios» en relación a las limitaciones de nuestros sentidos existen, sostiene, y a todos nos han sucedido: miedos, presentimientos, certidumbres sobre el futuro, preguntas que se responden solas desde la intuición.

No hay ningún tema que sea ajeno a la subjetividad de un escritor como Levrero, aunque este lo construya desde una distancia que es más aparente que real. Este Manual de parapsicología no solo marca un propósito de investigación personal para comprender al ser humano en profundidad, sino, sobretodo, una intención del escritor de comprenderse a sí mismo.

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