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el folletín filosófico

Imantada XI

Se cierra el ciclo del Folletín Filosófico, y con esta última Imantada le decimos «hasta pronto» a esta aventura de filosofar acerca de la escritura. Vendrán nuevas reflexiones, pero ahora los dejamos con los tipos de escritores posibles, sus relaciones, y con cuál se siente identificado Aldo Mazzucchelli.
Imantada XI

Observa Sergio Chejfec: habría escritores cuya relación con la literatura es natural, como si fuese algo de nacimiento, y otros cuya relación con la literatura no es natural, sino conflictiva, dudosa. Yo pertenezco al segundo tipo. Si no por otra cosa, al menos porque no consigo aceptar ninguna de las cosas que rodean al acto literario que tantos de mis colegas incluso disfrutan, sino que tiendo a rechazarlas todas y debo hacer un consciente esfuerzo por no abandonar el campo por completo. Desde esa cómoda conciencia que tienen tantos colegas de «ser» escritores —y tal carácter ontológicamente rotundo los satisface a veces hasta el punto que da la impresión de que algunos incluso obviasen toda inquietud por exhibir algunas pruebas de lo que saben ser— fluye otra serie de consecuencias que a mí se me ha negado. Yo no sé aparentar ser escritor, y siempre me han sido ajenos los mecanismos de la autopromoción discursiva. He permitido que mi nombre se maneje, con modestia, en algunos lugares. Acepto las conversaciones con destino a la publicación. Prefiero no leer en público, desde hace muchos años. Una vez transé en elaborar un video con uno de mis textos, debido a que estaba en juego el apoyo a la iniciativa de un amigo muy valioso y que me fue muy querido. Aparte de eso, todas las inseguridades, para mí esas sí naturales, de esa asunción de la literatura como si fuese una cosa normal, me han acosado a lo largo de los años. Las personas que me conocen y me quieren me dicen a menudo que he ido siempre contra mí mismo. Yo sé que no tienen razón. Escribo y publico desde muy joven, igual que las demás señas de algo que se dio así, y que nunca hubo siquiera un intersticio para discutir. Sea como sea, no la escritura, sino la literatura, y este es todo el punto, permite una latitud de perplejidades y maniobras. Eso me llama la atención.

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