0
Difusión

Leé un fragmento de «Mamá desobediente» de Esther Vivas

Compartimos un avance de Mamá desobediente (Godot, 2020), el libro de Esther Vivas que aborda la maternindad desde una perspectiva feminista. Frente a la idealización, reivindica la maternidad como responsabilidad colectiva y reconoce sus contribuciones políticas, sociales, económicas e históricas, para que cada un elija cómo desea vivirla.

Imagen de portada de «Mamá desobediente» de Esther Vivas, (Godot)

Esther Vivas es una periodista, socióloga y escritora residente en Barcelona. Se ha especializado en análisis político, consumo crítico y maternidades feministas. A lo largo de la década del 2000 estuvo muy implicada en el movimiento antiglobalización y el movimiento antiguerra y participó activamente en distintas ediciones del Foro Social Mundial. Su activismo derivó en el análisis de movimientos sociales alternativos, y es autora de En pie contra la deuda externa (2008) y coautora de Planeta indignado (2012). A partir del 2004 abrió un nuevo campo de reflexión sobre políticas agroalimentarias y consumo consciente. Sus principales obras en esta materia son ¿Adónde va el comercio justo? (2006), Supermercados, no gracias (2007) y El negocio de la comida (2014). A raíz de convertirse en madre, en 2015, empezó a escribir sobre maternidades, parto, violencia obstétrica y lactancia materna desde una perspectiva feminista y ecologista. En la actualidad, Esther Vivas se desempeña como analista política en televisiones y radios y escribe en periódicos del Estado español. También imparte clases en distintos centros universitarios.


El ángel del hogar o la superwoman

Las mujeres en la actualidad nos enfrentamos a una doble presión. Por un lado, la de ser madres como dicta el mantra patriarcal y serlo de una determinada manera, con un manual completo, muchas veces contradictorio, de lo que se espera de nosotras. Por el otro, siguiendo el abecé del capitalismo neoliberal, debemos triunfar en el mercado de trabajo y tener una carrera exitosa, aunque en la mayoría de los casos toca sobrevivir como se puede, con un empleo más o menos precario, sin renunciar, eso sí, se supone, a tener críos.

Ser madre queda reducido y normativizado a dos opciones, la de ángel del hogar o la de superwoman, que son los modelos que encajan en el sistema y que se espera que reproduzcamos indistintamente. La maternidad es prisionera de “discursos normativos bipolares y estereotipados”[1] de corte patriarcal y capitalista, que nos condenan a ser tachadas de profesionales fracasadas si no estamos cien por ciento disponibles en el trabajo, o de malas madres si no dedicamos el tiempo suficiente a cuidar a los pequeños. La culpa es siempre nuestra.

Triunfar o subsistir en el mundo laboral es casi incompatible con tener descendencia. Solo hace falta preguntar a todas aquellas embarazadas o madres que han sufrido mobbing o acoso maternal y han acabado incluso perdiendo el empleo, a las mujeres en edad de tener criaturas a las que por si acaso ya ni se las contrata, o a las que cobran un salario de miseria y ni se pueden plantear tener pequeños. Un 18% de las trabajadoras denuncia que en su lugar de trabajo se presiona a las mujeres que son madres, y un 8% de las que sufren acoso señala que es consecuencia de su maternidad[2]. No es fácil despedir con la ley en la mano a una mujer que está a punto de parir, pero hay varios subterfugios que lo hacen posible o que facilitan hacerle la vida imposible. La destrucción de los derechos laborales, tras décadas de neoliberalismo, tiene un impacto directo sobre las madres y las mujeres que quieren serlo.

Si tienes criaturas, sobrevivir en el mercado laboral no es fácil. ¿Cuántas mujeres han tenido que renunciar a su vida personal y familiar en beneficio de la carrera o justo a la inversa? Ante el fracaso de la conciliación, hay empresas que incluso ofrecen incentivos económicos a sus empleadas para que congelen sus óvulos y retrasen así la maternidad. Grandes multinacionales como Facebook, Apple, Google, Yahoo, Uber o Spotify lo han hecho. En el Estado español, otro perfil de empresas, como las que se agrupan bajo el Club de Primeras Marcas en Valencia (Arroz Dacsa, la bodega Vicente Gandía o Caixa Popular, entre otras), han llegado a acuerdos con clínicas de fertilidad para proporcionar descuentos a las trabajadoras que quieran acogerse a un tratamiento de congelación de óvulos[3].

Sin embargo, ¿qué mensaje se manda a las empleadas? ¿Que es mejor retrasar la maternidad para poder ascender profesionalmente? ¿Que su trabajo es incompatible con tener criaturas? ¿No sería más lógico invertir en conciliar maternidad y empleo? Y un tema que no se tiene en cuenta: ¿qué pasa si cuando quieres utilizar dichos óvulos la cosa no funciona? Tal vez entonces no haya más oportunidades.

Querer y no poder

En el mundo actual, la exaltación de la infancia y la juventud va paralela a la falta de todo tipo de facilidades para la crianza. En el capitalismo, no hay lugar para tener criaturas. Lo confirman las cifras: en el Estado español cada año nacen menos bebés y sus madres los paren a una edad más avanzada. En 2017 hubo unos 392.000 nacimientos, un 4,5% menos que el año anterior: el número más bajo en los últimos quince años. Una cifra que todavía sería menor si no fuese por la natalidad de las madres extranjeras, que es ligeramente superior a la de las autóctonas. Mientras, la edad media para ser madre se incrementó hasta los 32,1 años, con una media de 1,31 bebés por mujer[4]. En Cataluña, la tónica se repite, y desde 2008 el número de nacimientos ha disminuido prácticamente año tras año. En 2017 nacieron poco más de 66.000 pequeños, lo que significa un descenso del 3,6% respecto a los nacidos en 2016. El número medio de criaturas por mujer fue de 1,36 y la edad media para tenerlas continúa atrasándose, situándose también en los 32,1 años. De hecho, las mujeres de 35 a 39 años en Cataluña tienen hoy más hijos e hijas que las de 25 a 29 años[5]. Un mundo organizado en torno a los intereses empresariales es contrario a la vida misma.

Varios son los factores que influyen en esta tendencia: el aumento de la edad para emanciparse a causa de la prolongación de los estudios y el paro juvenil, la dificultad para acceder a una vivienda digna a raíz de su encarecimiento, la precariedad del mercado de trabajo, la penalización laboral a las mujeres que son madres y la falta de medidas reales para la conciliación y el apoyo a la maternidad. Estos procesos se han agudizado con la crisis económica, y empiezan a afectar a toda una generación cuyo salario apenas alcanza para vivir. Un gran número de parejas jóvenes ni siquiera se plantean tener criaturas porque cuando suman los salarios de ambos no llegan a un sueldo único decente.

Una de las consecuencias directas de la postergación de la maternidad es la dificultad para quedar embarazada. Lo confirma una investigación sobre la infecundidad en el Estado español, en que se constata que el motivo principal por el cual las mujeres no tienen descendencia es el aplazamiento de la maternidad por razones familiares y económicas, vinculadas en este último caso con el empleo[6]. De tal modo que cuando te planteas o ves la posibilidad real de ser madre, porque has conseguido finalmente un trabajo fijo o tienes una pareja estable, te encuentras con una edad en la que tu tasa de fertilidad ha disminuido drásticamente, y esto puede complicar dicho anhelo. A partir de los treinta y cinco años, los niveles de fertilidad de la mujer empiezan a descender, y es más fácil sufrir una infertilidad sobrevenida por la edad.

Ante esta realidad, empiezan a surgir voces de mujeres de veintitantos que desean ser madres y se preguntan si para cuando reúnan los requisitos necesarios para serlo, dispondrán aún de la fertilidad suficiente para tener criaturas. La periodista Noemí López Trujillo escribe: “En unos meses cumpliré treinta años y cada vez más imagino mi vientre como una tumba a la que algún día llevaré flores. Un lugar en el que nunca habrá nada, que siempre estuvo muerto. Soy una madre sin hijo. Y eso me aterra […]. Empecé a trabajar en 2011, el mismo año en el que en España la incertidumbre se materializaba en el lema: ‘Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo’. Pienso: ‘Y sin hijos’”[7].

El Estado español se sitúa a la cabeza del retraso de la maternidad en Europa y la edad de las madres cuando tienen su primera criatura es la más alta del mundo. Si en 1985 la edad media de la primera maternidad se situaba en los 26 años, en 2016 esta alcanzaba ya los 32. Esto tiene un impacto directo en los niveles de infecundidad. La gran mayoría de mujeres sin descendientes ya no los tendrá, a pesar aun de desearlo, por motivos socioeconómicos o por infertilidad. En realidad, se calcula que solo un 2% de las mujeres no puede tener criaturas por motivos biológicos y únicamente un 5% no lo quiere y mantiene esta decisión a lo largo de su vida. El Estado español es uno de los países de la Unión Europea con la mayor distancia entre el número de hijos e hijas que se tienen y el que se desea. De hecho, un 47% de las mujeres, según datos de 2017, querría tener al menos dos criaturas y un 26% tres o más, mientras que la media se sitúa en 1,31[8].

En su novela autobiográfica Quién quiere ser madre, Silvia Nanclares escribía: “Estábamos programadas para apurar y estirar nuestra juventud, para dejar la maternidad para ese momento en que la estabilidad laboral (qué quimera) y afectiva —otra quimera— creara un suelo sobre el que soltar los huevos maduros. […] Ser madre añosa o añeja podía llegar a considerarse una especie de medalla, un trofeo con muescas de otras batallas, pero también una medalla engañosa o con doble fondo: la edad de nuestros ovarios no atiende a las supuestas conquistas feministas ni a las transformaciones sociales”[9].

He aquí el despertar de esa eterna juventud para muchas mujeres en la era del capitalismo moderno.

El auge de los tratamientos de reproducción asistida en los últimos años es una buena muestra de este problema, aunque las causas de la infertilidad pueden ser varias, a pesar del peso importante de la postergación de la maternidad. En 2015, en el Estado español se realizaron 167.000 tratamientos de fertilidad, entre ciclos de fecundación in vitro (FIV) e inseminaciones artificiales, una cifra que crece anualmente, tratamientos que condujeron al nacimiento de 36.000 bebés[10]. Las mujeres que se someten a estas técnicas tienen que pasar por un periplo que, más allá de su elevado costo económico, puede llegar a ser exhaustivamente duro, a nivel psíquico y físico.

 

[1]. Aler, I., “Sociología de la Maternidad en España”, en C. Alba, I. Aler e I. Olza, Maternidad y Salud. Ciencia, Conciencia y Experiencia, Madrid, Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2012, pp. 71-126.

[2]. IIEDDI, “Barómetro CISNEROS XI. Liderazgo tóxico y mobbing en la crisis económica”, Cincodias.com, 2 de julio de 2009. Disponible en: http://bit.ly/30KaBUB

[3]. Lidón, I., “La congelación de óvulos en la empresa llega a España: ¿beneficio laboral o abuso?”, El Mundo, 8 de enero de 2018.

[4]. INE, “Movimiento Natural de la Población (Nacimientos, Defunciones y Matrimonios). Indicadores Demográficos Básicos Año 2017. Datos provisionales”, nota de prensa, 19 de junio de 2018.

[5]. Idescat, “Estadística de naixements 2017. Dades provisionals”, nota de prensa, 27 de septiembre de 2018.

[6]. Esteve, A., Devolder, D. y Domingo, A., op. cit., 2016.

[7]. López Trujillo, N., “Cumplir 30 con ganas de ser madre y trabajo precario: aplazar los hijos hasta que quizá sea demasiado tarde”, Eldiario.es, 11 de mayo de 2018. Disponible en: http://bit.ly/3af5vUT

[8]. Datos obtenidos respectivamente de: Esteve, A., Devolder, D. y Domingo, A., op. cit., 2016; INE, “Encuesta de Fecundidad. Año 2018. Datos avance”, nota de prensa, 28 de noviembre de 2018.

[9]. Nanclares, S., Quién quiere ser madre, Madrid, Alfaguara, 2017, p. 191.

[10]. Sociedad Española de Fertilidad, “Se incrementa un 9,5 % el número de tratamientos de fecundación in vitro (FIV) en España, según el Registro Nacional de Actividad 2015-Registro SEF”, nota de prensa, 10 de octubre de 2017.


Vivas, Esther. Mamá desobediente. Buenos Aires: Godot, 2020, pp. 20-25. 

Carrito vacío

Mi Cuenta