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letras misceláneas

Sin Macedonio no habría Borges

La figura de Macedonio Fernández se presentó hasta no hace mucho tiempo como una suerte de enigma para el lector. Su obra, una miscelánea de letras entre filosofía, poesía y narrativa, es un universo en el que se adentraron los más grandes escritores, como es el caso de Jorge Luis Borges. Federico Gori nos invita a descubrir a un autor sin el que la literatura latinoamericana no sería nada.

Sin Macedonio no habría Borges

Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio. Yo sentía: Macedonio es la metafísica, es la literatura. Quienes lo precedieron pueden resplandecer en la historia, pero eran borradores de Macedonio, versiones imperfectas y previas. No imitar ese canon hubiera sido una negligencia increíble.
Jorge Luis Borges

El principio del discurso es su parte más difícil y desconfío de aquellos que comienza por él.
M. F.

Se hace difícil empezar por el principio, pensemos mejor en el Buenos Aires de 1952; para ese año Borges era un autor reconocido y premiado, un escritor maravilloso capaz de crear libros como Historia universal de la infamia (1935), Ficciones (1944) o El Aleph (1949). Quizás sea por eso que durante tanto tiempo se creyó que Macedonio Fernández, ese viejo mezcla de filósofo y gurú de escritores jóvenes, era un personaje inventado por el mismísimo Borges.

Es 1952, año de la muerte de Macedonio Fernández, y Borges dice esas palabras en un homenaje a su mentor, palabras en las que reconoce que la suya es una literatura emergente de la de Macedonio, pero, ¿quién fue Macedonio Fernández y por qué es tan importante para la literatura latinoamericana? Las referencias a su obra nos llegan de escritores tan diversos como Borges, Marechal, Cortázar, Piglia, Bolaño o Vila Matas.

Un sapo es mucho más poético que la Luna, porque está armado de cien facultades para vivir, mientras que la Luna no posee ninguna facultad para evitar que la choque, o la queme o la deshaga un astro.
M. F.

La verdad es que la vida de Macedonio aparece envuelta en un halo misterioso casi salido de una obra de ficción. Nace en Buenos Aires en 1874 y estudia Derecho, es compañero y amigo de Jorge Guillermo Borges (padre de Jorge Luis). En 1910 obtiene el cargo de fiscal en el Juzgado Letrado de la ciudad de Posadas, en la provincia de Misiones, donde también será director de la biblioteca. Circula una anécdota que cuenta que perdió el cargo de fiscal porque nunca condenó a nadie. Por esa época intenta fundar junto con unos amigos una colonia libertaria, anarquista, en Paraguay, pero el proyecto fracasa, dura menos de una semana, porque sus miembros no soportan a los mosquitos.  

Amor se fue

Amor se fue; mientras duró
de todo hizo placer.

Cuando se fue
Nada dejó que no doliera.
M. F.

En 1920 su vida dará el gran vuelco, muere su esposa Elena de Obieta. Deja a sus cuatro hijos al cuidado de abuelos y tías. Abandona la abogacía y empieza su largo deambular. Vive en habitaciones modestas de pensiones del barrio de Once y Tribunales, además comienza a padecer fotofobia, lee y escribe en una total penumbra, pasa frío, duerme con el sobretodo puesto. Entre sus pocas posesiones cuentan un calentador Primus, una sartén, una pava para el mate, una guitarra y una foto de William James. Puede pasar horas en soledad, pensando y escribiendo. Escribe con vehemencia, pero escribe para pensar y no le importa publicar. Es ante todo un filósofo oral y un estímulo permanente para quienes lo rodean en las mesas de cualquier café. Es un intelectual que rehúye de los academicismos.

Querido Jorge:

Iré esta tarde y me quedaré a comer si no hay inconveniente y estamos con ganas de trabajar. (Advertirás que las ganas de cenar ya las tengo y sólo falta asegurarme las otras.) Tienes que disculparme el no haber ido anoche. Soy tan distraído que iba para allá y en el camino me acuerdo que me había quedado en casa. Estas distracciones frecuentes son una vergüenza y hasta me olvido de avergonzarme.
(Carta a Borges septiembre de 1922.)

En 1921, cuando Jorge Luis Borges vuelve de Europa, descubre a Macedonio. Ese amigo de su padre ejerce un campo de atracción enorme. Declarará que ninguna persona lo impresionó tanto como Macedonio y que todo lo que hace durante la semana es un mero entretenimiento a la espera de volver a encontrarse con ese hombre.

En 1927 Macedonio lanza su candidatura a presidente de la Nación. Es un pretexto para desplegar una campaña electoral surrealista, con la complicidad de sus amigos.

En vida, publica poco y con escaso éxito. En 1928 se edita No toda es vigilia la de los ojos abiertos, a instancias de Raúl Scalabrini Ortiz y Leopoldo Marechal. Al siguiente año edita Papeles de recienvenido, también le publicarán dos pequeños poemarios. En 1947, su hijo Adolfo de Obieta lo rescata de la soledad y lo lleva a vivir con él. Después de su muerte, será Adolfo quien se encargará de bucear en la enorme cantidad de papeles de su padre, para sacar a la luz el resto de la obra tal cual la conocemos hoy, publicada completa por Ediciones Corregidor desde mediados de los setenta.

Morir es sacarse el sobretodo.
M.F.

Macedonio es un escritor bisagra, reconocido hoy como uno de los autores más influyentes de la literatura argentina, pero también de la latinoamericana. A sus cincuenta años representaba la vanguardia y era el faro para la nueva generación de escritores a la que pertenecía Borges.

Macedonio Fernández definió las condiciones para una poética de la novela en la Argentina y estableció en Museo de la Novela de la Eterna las bases de una historia del género […] Sencillamente inventa una historia nueva, funda el origen: escribe la primera novela buena y anula la tradición anterior. Con este acto que borra todo contexto se integra en la más típica de las tradiciones argentinas.
Ricardo Piglia

Es autor de novelas, cuentos, poemas, artículos periodísticos, ensayos filosóficos y otros textos de naturaleza inclasificable. Fue traducido a más de diez idiomas, entre ellos inglés, portugués, alemán, griego, serbio, francés e italiano.

Pero, ¿por dónde empezar a leer a Macedonio?

Quizá la mejor entrada sea a través de los cuentos, relatos, poemas o sus cuadernos de apuntes. En los formatos breves, Macedonio tiene la contundencia de un knockout. Existen varias entradas a este autor, pero existe una sola salida y es siguiendo todo el recorrido apasionante de su obra.

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