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Una historia de la edición artesanal

La Gogmagog Press de Morris Cox

Creador incansable, el inglés Morris Cox fundó en 1957 la Gogmagog Press, una particular editorial artesanal con la que publicó más de treinta libros, objetos artísticos y literarios, y que continuó con la Gogmagog Photocopy Library cuando no pudo seguir con el trabajo manual. Eric Schierloh nos invita descubrir a Morris Cox en un nuevo capítulo sobre la edición artesanal.

Morris Cox con su «Biblioteca de fotocopias», 1989

Tras el fracaso que supuso la publicación de su primer y único libro industrial, The Whirligig (1954), Morris Cox (1903-1998) decidió «no molestar a los editores» y crear una editorial para publicar su «propia obra» en sus «propios términos». La bautizó Gogmagog Press, en honor a los guardianes de la ciudad de Londres, en la que Cox nació y vivió toda su vida.

Cox estudió en la Escuela de Arte de West Ham. Comenzó trabajando en publicidad, aunque pronto mudó sus esfuerzos hacia el arte freelance: diseñó cubiertas de libros, imprimió pósters y tarjetas, hizo grabado, pintura al óleo y acuarela, y escribió. Tuvo por muy poco tiempo una pequeña librería en la que solo vendía sus producciones. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió como rescatista en el servicio de Defensa Civil. A sus 50 años Cox no había logrado publicar más que unos pocos cuentos y textos breves en World Review y el mencionado The Whirliging, un delgado volumen de poemas con una colorida y llamativa tapa, también de su autoría. A Cox se le debe haber ocurrido que solo le quedaba empezar de nuevo, y que tendría que hacerlo solo. Para eso fundó en Stratford su propia imprenta privada y editorial artesanal, «esencialmente un asunto súper sencillo de un solo hombre». Durante los siguientes cuarenta años Cox publicó cerca de ochenta libros en pequeñas tiradas de entre cinco y cien ejemplares. Todo el trabajo se hizo siempre en una pequeña habitación de su propia casa taller.

La edición artesanal puede entenderse como la publicación de los textos con el cuerpo (con los cuerpos, en realidad) y, en este sentido, como la continuación natural de la escritura, o del grabado y la pintura, por caso. Esto permite, justamente, diferenciar dos períodos para ordenar la producción del trabajo de Cox:

1) The Gogmagog Press (1957-1983): treinta y cinco libros compuestos tipográficamente a mano e impresos a una página o pliego a la vez. Tienen una fuerte impronta pictórica y hasta plástica, ya sea mediante el grabado, el dibujo, la pintura o el collage, impresos a varias tintas. La encuadernación, siempre hecha a mano por el editor y siempre sencilla, es sobria y a la vez moderna (en esto, como en otras cosas, los libros de la Gogmagog Press no se parecen —buscan no parecerse— a los libros de las private presses); Cox utiliza a menudo materiales poco convencionales para encuadernar, como telas de vestidos, sedas, papel artesanal japonés (mingei) o papeles indios grabados por él mismo.

Cox tenía en su taller cuatro prensas: una Adana Eight-Five para impresión tipográfica tradicional y tres prensas manuales de diversos tamaños que él mismo había diseñado y adaptado para realizar un tipo de impresión reversa indirecta (offset, diríamos), bastante particular de la Gogmagog. El método era el siguiente: Cox componía un bloque de impresión a partir de diversos materiales (papel, cartón, madera, tela, cuerda, alambre, metal, vidrio, plástico), lo entintaba, lo transfería a una plancha de polietileno y goma, y luego imprimía la transferencia al papel. Esto no solo le permitía a Cox ver la imagen antes de imprimirla sino imprimir, además, en varios colores (mediante varias transferencias a la plancha offset), e incluso intervenir o singularizar cada imagen antes de la impresión final y única. A esta clase de impresiones pertenecen las que Cox llamaba «fantografías» (phantographs), para las que se servía una vez más de su experiencia como grabador, pero también de la tradición de la impresión o estampa natural inglesa del siglo XVIII. En este caso los bloques estaban hechos con materiales orgánicos (hilo, lana, tela, pelo, hojas, pasto, semillas, ramas, huesos) sobre cartón o madera y yeso, que luego Cox barnizaba para darles dureza y resistencia. Algunos de los trabajos que produjo con estas técnicas le valieron a Cox la comparación con otro gran poeta e impresor inglés (autopublicado y autodidacta como él, en cierta forma): William Blake.

2) The Gogmagog Photocopy Library (1984-1991): durante toda su vida Cox se mantuvo fiel al postulado do it yourself de hacer con lo que se tiene a mano y también de autoenseñarse a hacerlo, así que cuando a los ochenta años se quedó sin fuerzas para operar las prensas manuales, en lugar de renunciar, le pidió a su amigo Colin Franklin que le consiguiera una fotocopiadora para imprimir los interiores. Desde entonces y con ayuda de una pequeña máquina Ricoh, Cox produjo otros cuarenta libros. Son mayormente autopublicaciones de novelas y poemas escritos durante su juventud, además de collage y pinturas. Y así como en el vigoroso período tipográfico anterior el promedio era de cincuenta ejemplares, en la «Biblioteca de fotocopias» baja a cinco. Esto pudo tener varias razones: es una forma hiperbólica de acotar un trabajo que podría replicarse incesantemente a causa de la propia naturaleza del medio de (re)producción utilizado; implica una posición ético/estética respecto de la recepción prevista de su obra; y es también un tipo de producción que está en sintonía con la encuadernación elegida. Cox también tuvo que inclinarse por una técnica más sencilla (y sobre todo más liviana debido a sus fuerzas), pero evidentemente más lenta de producir: la caja contenedora.

Es importante anotar que así como el fracaso en tanto escritor público fue, en parte, lo que hizo posible la serie de trabajos editoriales (profundamente cohesionados, se diría) de la Gogmagog Press, el reconocimiento posterior de su arte y su nombre no le impidió a Cox evitar cierto típico purismo tipográfico (y en un punto también bibliófilo) que en ocasiones abruma (y siempre aburre), para poder continuar produciendo libros nuevos durante otros ocho o nueve años más.

En 1991 sus amigos David Chambers, Colin Franklin y Alan Tucker publicaron Gogmagog: Morris Cox and The Gogmagog Press: es prácticamente el único (y excelente) libro que documenta de manera exhaustiva la historia de la editorial y de su asombroso creador. En 1994 el Museo Victoria & Albert organizó una exhibición con motivo de la adquisición del archivo personal del editor impresor. Son los mayores (y quizás los únicos) reconocimientos que Cox recibió en vida.

La historia de la literatura abunda en rechazos y fracasos editoriales, y en proyectos de autopublicación derivados. Haberse desengañado del funcionamiento y la dinámica del sistema industrial de publicación es, al menos en parte, una de las razones por las que Morris Cox acabó siendo uno de los grandes editores artesanales del siglo XX. Sobre todo porque le proporcionó aquello que quizás sea lo más importante: el tiempo y el espacio necesarios para producir el libro.

Libros de la Gogmagog Press

P.S.: en 2017 la maravillosa editorial de Brasil Lote 42 publicó Gogmagog!: Morris Cox e sua Gogmagog Press, de Gustavo Piqueira, un breve paseo profusamente ilustrado por algunas de las publicaciones de Cox.

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