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Fuera de juego

Vivir ruedas para arriba: la felicidad desde una bicicleta

El periodista británico Robert Penn ha montado en bicicleta casi todos los días de su vida; Mintxo, periodista uruguayo, es un apasionado de las bicicletas desde que tiene memoria. El británico es autor de La bici lo es todo, un libro sobre la construcción artesanal de su bicicleta perfecta, con datos curiosos, viajes, y una breve historia sobre estas, que Mintxo nos anima a leer.

Vivir ruedas para arriba: la felicidad desde una bicicleta

Corrían los años 80 cuando mis padres buscaron mi complicidad para engañar a mi hermana cinco años menor. Alguien le había dicho a la niña que los Reyes Magos no eran ni reyes ni hacían magia. En cualquier otro caso a los viejos les hubiera dado igual aquella desmitificación, pero esa vez no podía pasar. Convencí a mi hermana los días posteriores a que finalizara la escuela. Agarramos una hoja cada uno, le dije que pediría tres cosas, que por ahí una de esas me traían. Solo Reyes, para Papá Noel no daba la plata. Ella hizo lo mismo. Coincidimos en querer una piscina, curiosamente. El sermón del pasto y el agua también lo hice junto a ella. Siempre supe que a mi hermana le tocaría una bicicleta a su medida; yo sospeché que podían regalarme la piscina. Era temprano en la mañana cuando bajé corriendo las escaleras, le grité a mi hermana para despertarla y, parado en la puerta del comedor, no lo pude creer. O, más bien, por unos segundos, volví a creer en la fantasía: había una bicicleta montaña color rojo cromatizado, increíble, gigante, al lado de una especie de BMX para «pitufas». Leyendo con el diario del lunes, creo que desde ese momento nunca dejé de andar en bici. La ingenuidad fue para siempre.

Antes de esa montaña con la que conocí todo mi pueblo en las horas ganadas a las siestas tuve una bicicleta de carrera a la que me subía de casualidad y, mucho antes, una Graziella de niño, primero con rueditas y después sin. Aquella montaña utilitaria me acompañó hasta la adolescencia. Tiempo después, en la época de estudiante universitario «pelagato», en un Montevideo fundido, rescaté una Ondina verde que me llevó a terminar de estudiar. Ya adulto, viviendo en Euskadi, comprendí la historia familiar y la pasión de Juan Darío Hernangil, mi abuelo: amante del ciclismo. Pasado los 30 entendí que el ejercicio cotidiano era, tenía que ser, arriba de una GT, bicicleta que hace nada le vendí a Pablo, mi amigo, para que el continuara el rodado y yo abriera una nueva historia encima de otra bici de carrera, a la que he llamado Pituca.

La bici lo es todo (Capitán Swing, 2018), del periodista inglés Robert Penn, se ocupa, entre otras cosas, de la relación de cercanía entre los humanos y las bicicletas, desde su invención allá por principios del siglo XIX hasta el presente. Con una pluma concisa y concreta, pero no por eso menos prodigiosa; acumulando datos y fechas, pero sin perder la delicadeza narrativa de las historias bien contadas; haciendo foco en la revolución que significó la bicicleta para los trabajadores, por un lado, y para la emancipación de las mujeres, por otro; Penn cuenta la historia reciente de la humanidad arriba de las dos ruedas. Pero no solo se queda ahí, sino que también investiga y deja ver cómo ha sido la evolución del birrodado, sea referido al tamaño de las ruedas, de los engranajes, de los cuadros, del sillín y de todo lo que te imagines.

«La entrega de un billete es suficiente para hacer que una bicicleta me pertenezca, pero mi vida necesita darse cuenta de esta posesión», dirá Jean-Paul Sartre en estas páginas. No vamos a dudar de Sartre, pero, más allá de lo puntual de su dicho, hay una forma más íntima de darse cuenta de la posesión de una bicicleta: el viento en la cara, el zumbido del deslizar, la empatía de cruzarse con más ciclistas. Quien reconozca esto debería montar su bicicleta y marchar a la librería a comprar La bici es todo. La que tenga estacionamiento gana.

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