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Fuera de juego

A piñazos con Arthur Conan Doyle

En un cuadrilátero nómade, clandestino, del condado inglés de Sussex, se dan cita el boxeo y la literatura: una vuelta a la época victoriana a través de los puños del púgil Rodney Stone y la mirada y la palabra del escritor Arthur Conan Doyle. Mintxo nos impulsa a seguir el espectáculo en el ring y nos recomienda la singular novela Rodney Stone (Capitán Swing, 2011). 

Fotografía de portada del libro «Rodney Stone», de Arthur C. Doyle (Capitán Swing, 2011)

Sherlock Holmes no está en el centro de la escena, pero en el condado de Sussex pasan cosas:

Al mirar hacia la multitud que estaba debajo, distinguimos la cabeza y los hombros de un hombre fuerte y vigoroso que avanzaba lentamente, dejando a sus espaldas una larga estela en forma de V, como los que deja un perro cuando nada. Mientras se abría paso entre el público, levantó la cabeza, y distinguimos la cara sonriente y enérgica del herrero mirando hacia nuestra posición. Había dejado su sombrero dentro del cuadrilátero, iba cubierto con un sobretodo y llevaba un pañuelo azul anudado al cuello. Al salir de entre la multitud, se abrió el sobretodo y pudimos ver que venía vestido para pelear, con calzón negro, medias color chocolate y botas blancas.

Qué manera de presentar un boxeador, ¿cierto?

Así sucedían, parece, las peleas en la época victoriana. El cuadrilátero no era más que cuatro estacas unidas con piolas, suficiente como para que dos púgiles se presentaran a duelo ahí dentro. Práctico, también, a la hora de tener que levantar el campamento de pueblo en pueblo porque, en el lugar de la primera cita, las autoridades de turno no eran afines ni a los combates ni a las apuestas. Sí, porque tan viejo como el deporte son las apuestas, primitiva modalidad de agregarle sustento al juego.

Pero no solo de boxeo va la cosa. La reedición de Rodney Stone es una buena oportunidad de recrear aquel tiempo del siglo XIX en Gran Bretaña, tan distinto a los tiempos que corren. Con la formidable narración de Conan Doyle, la historia y sus personajes se vuelven imperdibles: la tirantez entre ciudad y campo, entre algún sir, bastantes lores y muchísimos vulgares, entre comodidades extremas e instintos de supervivencia: ganarse la vida a puño limpio era un forma de vida (o de seguir viviendo, a fin de cuentas).

Más allá de recrear una época, Conan Doyle reafirma los nombres de muchos boxeadores de ese tiempo. Si bien cualquiera de nosotros hoy podríamos leer esos nombres como personajes ficticios —y buenos nombres tienen para serlo, como The Oilman, Crab Wilson, Blakc Baruc o George The Brewer Ingleston, entre otros— la reedición del sello Capitán Swing aporta un apéndice de personajes con breves descripciones para saber qué fue de la vida de estos (hoy) personajes.

[…] la multitud se iba agitando cada vez más, en parte por la impaciencia que le producía el retraso y en parte por el júbilo ante la inesperada oportunidad de ver en acción a un boxeador tan célebre como Harrison. Ya se había divulgado por todas partes de quién se trataba, y muchos veteranos entendidos en boxeo sacaron su monedero del bolsillo del chaleco para apostar algunas guineas por el hombre que iba a representar a la vieja escuela frente a la nueva. Los más jóvenes seguían decantándose por el boxeador del Oeste, y corrían pequeñas apuestas a favor de uno y otro en proporción al número de seguidores de cada uno entre los diferentes sectores del público.

Es un párrafo soberbio y vigente: la tensión entre lo viejo y lo nuevo, la necesidad de formar parte de un lugar o del otro, las tristes monedas en juego para hablar de verdades. Los clásicos son clásicos por estas cosas: sus letras no pierden la capacidad de generar reflexión en los lectores de turno.

Más de un siglo despues, amén de todo lo que haya pasado y lo que esté pasando, Rodney Stone es una novela que logra hacer algo tan difícil de comulgar como la literatura y andar a las trompadas, más allá de que algunos pocos lo hicieron magníficamente. Gana por KO.

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