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A veinte años

Itinerario de lectura sobre la crisis del 2002, por Diego Zas

Por Diego Zas / Jueves 01 de setiembre de 2022

¿Cuáles son los libros claves para entender la crisis de 2002?  Le pedimos al periodista Diego Zas, autor de 2002, Memorias de la crisis, que trazara un paso a paso de las lecturas ineludibles a la hora de construir su investigación. El resultado es un lúcido itinerario de lectura sobre este período medular de la historia reciente. 

La idea de escribir un libro sobre la crisis de 2002 venía a caballo de una fecha redonda: en 2022 se iban a cumplir 20 años de este episodio bisagra de la historia reciente. La propuesta me llegó poco antes del 13 de marzo de 2020, día que comenzó la emergencia sanitaria en Uruguay. ¿Por dónde ir? ¿Cuál debería ser el foco? ¿Qué escribir que ya no se haya escrito? Todas esas preguntas estaban en la vuelta cuando la pandemia aterrizó en nuestro país, lo que fue a la vez una ventaja y una desventaja. Por un lado, la producción del libro se aplazaba ante el cierre de bibliotecas donde consultar material de archivo, sobre todo diarios, y muchos de los entrevistados que tenía en mente no estaban disponibles para un encuentro cara a cara. Por otra parte, este hiato me ayudó a pensar realmente lo que quería escribir. La idea original era un resumen cronológico de la crisis, con entrevistas a sus protagonistas. La novedad sería la mirada de los eventos desde el largo plazo. Con el correr de los meses descarté ese enfoque. En gran medida por la bibliografía profusa que había al respecto. 

En la pausa de producción me puse a repasar varios de los trabajos que se habían escrito sobre el tema en cuestión. Arranqué con una relectura del libro Con los días contados, de Claudio Paolillo. Era un trabajo exhaustivo, con gran pulso, con los episodios aún a flor de piel (salió en 2004) y reconstruye con fuentes varias las tramas más importantes de la crisis. Es también el único que, desde el periodismo, sedimentó un relato sobre la salida de la crisis, sobre las negociaciones en Washington a fines de julio, el rol del FMI y del Tesoro norteamericano para acceder a los fondos necesarios para detener la corrida bancaria. Es un relato en clave de éxito validado por algunos de los principales actores políticos de la época. Quizás lo que faltaba era buscar alguna voz disruptiva con respecto a ese relato teñido de épica que se solidificó con los años. 

La lectura del texto de Paolillo lectura me llevó a buscar a dos protagonistas de esa salida que aún no habían tenido cabida en la bibliografía local: John Taylor (del Tesoro norteamericano) y Eduardo Aninat (encargado de la misión uruguaya del FMI). Taylor quedó en ese relato como el salvador del país y Aninat como el malo de la película. Para estos dos intercambios (principalmente el que tuve con Aninat, que arrojó matices o directos desmentidos sobre lo que había sido el relato oficial) tuve como bibliografía de base el libro de Paolillo, el libro Global Financial Warriors, del propio Taylor, y el libro Al borde del abismo, de Carlos Steneri, quien era representante del gobierno en Washington por esos días.

Del apoyo bibliográfico también destaco la colección Orientales de Lincoln Maiztegui, de gran ayuda para encarar éste y otros episodios de la historia uruguaya. Es una lectura ágil que sintetiza los episodios más destacados de cada año de nuestra historia, sobre todo los capítulos de la salida de la dictadura hasta entrados los 2000. La biografía de Alberto Bensión (Ministro de Economía de Batlle) también fue de gran utilidad porque es casi un alegato en defensa de su gestión, que fue la más criticada de todas en su momento, junto con la actuación de las autoridades del Banco Central. Recomiendo su libro no solo por ser material de primera mano de un protagonista principal de la crisis, sino porque también ayuda a recordar la agenda con la que Batlle llegaba al gobierno, de fuerte cuño liberal, de achique del Estado en áreas que entendía superfluas o necrosadas, y las reformas que se había planteado hasta que la crisis puso patas arriba sus intenciones. 

A la hora de entender y repasar el rol del Frente Amplio en el 2002, la biografía de Tabaré Vázquez de Lanza y Tulbovitz fue un buen insumo. Aunque ahí la prensa de la época se hace irremplazable. En cuanto a las aristas más económicas de la crisis, el libro sobre los 50 años del Banco Central ayuda para poner orden a los acontecimientos y comprenderlos de forma más cabal. 

Un aliado para este libro fue internet. A principios de los 2000 comenzaron a aparecer tibiamente portales online de medios locales de envergadura. Es el caso de radio El Espectador y La República (diario de peso en esa época, sobre todo en su rol crítico del gobierno). El rescate en blogs o páginas personales de gente que en su momento escribió sobre lo que estaba pasando en el país también fue de gran valor. Por poner un ejemplo, cito la web del economista Gabriel Odonne (www.gabrieloddone.com). El valor del material de archivo para este tipo de libros es invalorable y en Uruguay su sistematización y rescate es un gran debe (en ese sentido, la página de Presidencia de la República es una rara avis, ya que tiene material audiovisual que llega hasta esos años). 

Con ese material leído y de constante consulta me puse a armar el libro. Me decanté por avanzar en historias que habían quedado a medio contar, o sin contarse, al tiempo que fui al encuentro de los protagonistas principales para tener su mirada a veinte años. Esos testimonios son el soporte para vertebrar cronológicamente los episodios sin que ese sea el eje del libro. 

Quizás el principal motivador para encarar este trabajo fue la posibilidad de poner la lupa sobre la saga de saqueos que se dieron en un breve lapso, a principios de agosto de 2002. Cuántos habían sido, cómo lo habían vivido los perjudicados, qué había sido de sus vidas y, principalmente, si alguien los había fogoneado. Fue el primer capítulo que abordé, principalmente en base a material de diarios de la época y una decena de entrevistas.

Me interesaba hurgar en la historia de los saqueos, en las visiones encontradas sobre la forma en que se llegó al préstamo puente que EEUU le dio a Uruguay para poder abrir los bancos, pero también en otras historias que, de alguna forma aún seguían sin un cierre. Una de ellas fue la de los niños que iban a la escuela del barrio Conciliación y que, según una seguidilla de notas de La República de mediados de 2002, habían comido pasto porque sus familias no tenían otra cosa para darles. El episodio fue de alto impacto y quedó incrustado en la memoria colectiva. Su uso político sigue hasta el día de hoy por las derivas que tuvo el episodio. 

Otra historia que había quedado inconclusa era la del suicidio en el Palacio Legislativo, el de un deudor que se quitó la vida en un baño en el edificio anexo, donde están los despachos de los diputados. Contar la historia me servía para darle un cierre al relato (aunque de la investigación surgieron más preguntas) y para condensar en un capítulo dos consecuencias de la crisis: el aumento de la tasa de suicidio y el drama de los deudores en dólares.

Quizás el episodio del libro en el que confluyen la mayor cantidad de fuentes de información sea el de la entrevista de la cadena Bloomberg a Batlle, cuando se despachó con la famosa frase «Los argentinos son una manga de ladrones del primero al último». Ahí conviven un trabajo académico (la tesis de Milagros Iroz que realizó sobre el tema para la ORT), el libro de Paolillo, los diarios de la época (locales y argentinos), la entrevista al entrevistador y el material de archivo en la web (página de Presidencia, informes en YouTube).

Otras tramas y episodios medulares de la crisis están salpicados aquí y allá en el libro. Por ejemplo, el rescate emotivo de Gastón Atchugarry, hijo de Alejandro, Ministro de Economía que levantó elogios unánimes entre sus pares de todos los partidos. A Gastón ya lo había entrevistado (creo que fue una de las primeras veces que habló largo y abierto sobre los días con su padre en aquel 2002) y era una voz que quería tener. También busqué, sin éxito, la voz de algún hijo de los hermanos Peirano, que fueron junto con los hermanos Rohm un poco el anverso de lo que representó Atchugarry. Ese testimonio quedó en el debe. 

Para el final dejo recomendada la lectura de la biografía del principal protagonista de esta historia: Jorge Batlle. Fue escrita por Bernardo Wolloch y, obviamente, tiene un capítulo dedicado a ese año. En particular, lo usé para avanzar sobre los cabildeos que se dieron para que Batlle renunciara a la presidencia. Wolloch aporta nuevos datos sobre las personalidades que barajaban esta idea y que se la trasladaron, principalmente, a Julio María Sanguinetti. Pero el libro sirve para tener una versión acabada sobre la persona que quedó atada, por su lucidez, impronta impredecible, temperamento oscilante, salidas mediáticas erráticas y decisiones polémicas, a la crisis de 2002. 

La lista de Diego Zas

Global Financial Warriors: The Untold Story of International Finance in the Post-9/11 World, de John Taylor (W.W. Norton & Company)

Con los días contados, de Claudio Paolillo (Fin de Siglo)

Al borde del abismo, de Carlos Steneri (Banda Oriental)

La crisis de 2002. Mi gestión frente al cataclismo bancario, de Alberto Bensión (Fin de Siglo)

Tabaré Vázquez. Misterios de un liderazgo que cambió la historia, de Edinson Lanza y Ernesto Tulbovitz (Alcierre)

Jorge Batlle. El profeta liberal, de Bernardo Wolloch (Fin de Siglo)

Orientales, de Lincoln Maiztegui (Planeta)

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