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reseña

Yuri Herrera: El poder, la lengua y la muerte

Gonzalo Baz nos invita a descubrir la literatura del mexicano Yuri Herrera. Leer a este autor es viajar sin aviso a la frontera entre México y Texas, meterse en los tejidos entre lenguas, vivencias y experiencias de personajes que llegan a nuestras vidas para quedarse.

La editorial Periférica, de España, tiene un interesante catálogo de narrativa latinoamericana. Maximiliano Barrientos (Bolivia), Carlos Labbé (Chile), Rita Indiana (Bolivia), Elvio Gandolfo (Argentina) son algunos de los autores que conforman la colección Largo Recorrido, llamativa desde el diseño, con tapas rojas y fotografías sugestivas que invitan al curioso a detenerse frente a los estantes de cualquier sección de literatura latinoamericana. Así fue que conocí a Yuri Herrera, quien publicó en esta colección sus novelas cortas: Los trabajos del reino (2010), Señales que precederán al fin del mundo (2010) y La transmigración de los cuerpos (2013).

Yuri Herrera nació en Actopan, México, en 1970, y vivió durante años en la frontera Ciudad Juárez-El Paso, escenario donde transcurren sus novelas (aunque esto no se explicite en ningún momento) y del que extrae la materia fibrosa con la que construye su narrativa. Una lengua híbrida, la que hablan los personajes; pero también un espacio fronterizo creado por el autor, donde se desdibujan los límites entre escritura y oralidad. Así es como Yuri Herrera germina un estilo original que incomoda y seduce, que se digiere a sí mismo encontrando una lírica de lo coloquial.

Por los temas que sobrevuelan las tres novelas y por el registro con el que son tratados, podría hablarse de una trilogía fronteriza donde se trata la forma en que el poder se relaciona con el arte, la lengua y los cuerpos, o, mejor, la vida y la muerte de los cuerpos.

En Los trabajos del reino se describe el camino de Lobo, un cantante de corridos que inicia una relación con el capo de un cártel de narcotráfico. El Artista llega a vivir en el palacio del Rey adentrándose en los trabajos que ahí se llevan a cabo. Al entrar al palacio por primera vez, el protagonista deja de ser Lobo y pasa a ser el Artista. Yuri Herrera tiene en cuenta la cualidad del poder de asignar identidades que organizan el trabajo en función de su reproducción, por eso elige nominar a los personajes de acuerdo al rol que cumplen en el esquema: el Artista es quien creará el relato épico del reinado; el Joyero, quien se encargará de trabajar la imprescindible ostentación del poder; el Rey es encargado de proteger y ejecutar; y, así, con cada uno de los trabajadores del reino. Toda literatura de identidad es, en el fondo, literatura sobre el poder. Así, el autor se mete en las complicadas relaciones entre artistas y reyes.

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La travesía de Makina al cruzar la frontera en busca de su hermano en Señales que precederán al fin del mundo nos pone en contacto con la literatura del viaje en bruto: el viaje como metáfora de una transformación. Yuri Herrera trabaja el camino de su personaje en varios niveles, tal vez el más interesante sea la transformación puesta en evidencia a través de la lengua. La lengua como dispositivo de apropiación del mundo sufre una metamorfosis al atravesar la frontera, los objetos cambian su significado, «es el mundo sucediendo nuevamente», advierte Makina. Cuando habla «paisano» es una y cuando habla «gabacho» es otra, la lengua de frontera se convierte en ese «algo que sirve para poner en relación».

Esta segunda novela de la trilogía se estructura en nueve capítulos; al igual que los infiernos del Mictlán en la mitología mexicana, Makina debe atravesar nueve regiones para llegar a su destino, del otro lado de la frontera, el lugar donde se vuelve a nacer.

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En el contexto de una epidemia que paraliza al país, el autor nos muestra en La transmigración de los cuerpos cómo, a través de los discursos del poder, también se puede modificar el significado de un muerto.

El Alfaqueque, protagonista de esta novela, es encomendado a resolver un intercambio entre dos hombres poderosos enfrentados; cada uno en posesión del cuerpo sin vida del hijo del otro. Es alrededor de estos cuerpos que gira la novela. En plena paranoia mediática por la propagación de un virus mortal, el Alfaqueque debe atravesar la ciudad para concretar su misión. A medida que se van conociendo las condiciones en que se dieron las muertes, se va desarrollando una trama detectivesca.

¿Cómo describir lo que no está ahí? ¿Qué nombre se le da a lo que no existe y que precisamente por eso existe?

Las resonancias clásicas son inevitables en la literatura de Yuri Herrera. Hay algo de universal en los conflictos que se les presentan a estos personajes, por momentos arquetípicos. Un aura mítica que habla una lengua propia y que, al igual que en las reescrituras de Pasolini, asienta su eficacia política en la energía transgresiva de lo clásico, entendido como una persistencia del pasado en el presente.

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