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Recomendaciones libreras

Lecturas sudacas: Ferréz, Rawson, Fogwill

Una literatura marginal, que se instala en la periferia y atraviesa los cuerpos expulsados; una literatura hecha de violencia y carne; una literatura «sudaca». Así nos presenta Gerardo Beyhaut, librero de Moebius, sus recomendaciones para este mes y nos invita a seguir ampliando la lista.

Fotograma de la película «Cidade de Deus», de Kátia Lund y Fernando Meirelles.

Lejos de los grandes reconocimientos, del boom de la literatura latinoamericana, de las merecidas ediciones conmemorativas y los premios, subyace una literatura a la cual me gustaría llamar sudaca, una literatura hecha de carne y furia, de violencia y sexo, de violencia y muerte.

En esos márgenes aparecen joyas como Manual práctico del odio, de Ferréz, ambientada en los suburbios de San Pablo, donde medran sicarios y ladrones; la inencontrable novela Siempre es difícil volver a casa de Dal Masetto; o un par que acabo de leer recientemente: No se turbe vuestro corazón, de Belgrano Rawson y Los Pichiciegos, de Fogwill.

La primera de ellas está ambientada en una época que supo padecer buena parte del continente americano, el caudillaje, el levantamiento armado, las elecciones irrelevantes, el medio rural con una violencia aparentemente intrínseca, la sexualidad también violenta, el disparo o el degüello como herramientas válidas para alcanzar objetivos políticos personales; un mundo que arrastra a sus peronajes principales, dos muchachos enamorados de una misma chica en un remolino insondable en el cual el amor es, por lo menos, un despropósito.

Excelentemente narrada, intensa y feroz, No se turbe vuestro corazón hunde sus raíces en la narrativa latinoamericana «de prepo», sin pedir permiso ni hacer concesiones a la realidad ni a la historia.

Los Pichiciegos, de Fogwill, viene mas acá en el tiempo, está ambientada durante la guerra de las Malvinas —y que la presencia inglesa no mengue lo sudaca—. Los Pichiciegos son argentinos desertores viviendo en lo que nosotros llamaríamos tatuceras, mal comidos y peor abrigados, sin lugar a donde ir sin correr riesgo de ser fusilados, muriendo de uno en uno de frío, peste o bala. Una novela tremenda en el peor sentido de la palabra.

La lista de novelas que me gustaría llamar sudacas podría ser muy amplia e invito al lector de esta columna a intentar ampliarla. Me atrevería a incluirr La noche de la usina, de Eduardo Sacheri (a pesar del Premio Alfaguara), y otras novelas en las cuales el delito, desde el robo al homicidio, es considerado un derecho o una forma de sobrevivir.

Y no nos hagamos trampas, que habitamos el continente mas violento del mundo sin tener guerras declaradas. Vayan a modo de ejemplo Ferréz, Rawson y Fogwill.

A recoger el guante.

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