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«La lotería», de Shirley Jackson

Terror adaptado, terror ilustrado

Nuevas miradas rescatan obras del pasado, y Shirley Jackson sigue presente en nuestras estanterías, esta vez a través de la novela gráfica La lotería. El dibujante y nieto de la escritora Miles Hyman adapta uno de sus cuentos más conocidos y escandalosos, con un cuidado dibujo y respeto por el texto original, que recomienda Rodolfo Santullo.

Viñeta de «La lotería», de Shirley Jackson por Miles Hyman

Hay autores que regresan de repente, a años de su mayor pico de popularidad, y aparecen en todas partes. Por distintas razones, se ponen más «de moda» que nunca y uno tiene la impresión de que los encuentra hasta en la sopa. Tal fue el caso hace unos años de Patrick Süskind y su perfume, José Saramago sobre el final de su vida y, desde hace un año aproximadamente, Shirley Jackson. Ya sea porque se cumplió algún tipo de aniversario, porque se reeditó gran parte de su obra o porque se adaptó a cine y TV con bastante trascendencia —La maldición de Hill House fue uno de los grandes fenómenos recientes en Netflix y hasta este año se estrenó una biopic sobre la propia escritora, protagonizada por Elizabeth Moss—, Jackson volvió y tomó por asalto las bateas de todas las librerías, los espacios culturales y los sitios de reseñas. Y, cómo no podía ser menos, volvió también en forma de historietas.

Admito mi completa ignorancia sobre la obra de la escritora. Nunca había leído nada de ella y esta adaptación de su más popular relato —según asegura este propio libro— era una buena manera de empezar. Además, se da el curioso caso de que dicha adaptación corre a cargo del nieto de la misma Jackson, Miles Hyman, lo que le agrega al asunto unas cuantas notas al margen —y de color— enriquecedoras, al respecto de su relación con la misma autora. 

La lotería, publicado originalmente en 1948, nos presenta un tranquilo y bucólico pueblo que se prepara, justamente, para celebrar una lotería. Aunque nunca se habla específicamente de detalles, nos queda claro que dicha lotería es regular, que se realiza hace más tiempo del que nadie puede recordar y que se rige por una serie de reglas que el pueblo sigue más por fe (o costumbre) que por verdadero convencimiento. ¿Cuál es el fin de dicha lotería? Quizá para el lector de 1948 la revelación final fuera una sorpresa, pero para el avezado lector (u espectador: este es un argumento manido a lo largo de muchos años también en cine) queda claro desde las primeras páginas del libro. Aún así, y en pro de un lector acaso más puro, no lo develaremos aquí. Sí decir que el relato analiza y desnuda los rituales incomprensibles que tenemos por completo incorporados a lo cotidiano, sin importar cuan violentos puedan ser. Acaso una crítica a los rituales más hondos de las sociedades humanas —religión, política: ustedes elijan—, La lotería representa aquello que no es justo, pero está incorporado; cómo mantener un statu quo importa más que el statu quo mismo.

En cuanto a la adaptación de Hyman se puede decir que no es especialmente arriesgada. El artista —más un autor pictórico que un historietista, con una fuerte influencia de los míticos trabajos de Edward Hooper— narra con austeridad y corrección el famoso relato de su abuela. Hyman es un especialista en adaptaciones y, no en vano, en su —breve— currículum asoma la adaptación de La dalia negra (sobre la novela de James Ellroy) o el thriller político The Prague Coup (con guion de Jean-Luc Fromental). La adaptación que nos ocupa no descolla, pero tampoco entorpece. Acaso —tal y cómo lo confiesa en el prólogo, cuando habla sobre el respeto a la obra de la escritora y el peso que significa adaptarla— prefiere no alterar demasiado el resultado, no inclinarse por dejar que sea, antes que nada, una historieta, y queda en un casi cuento ilustrado, que sirve sin embargo —cómo no— para que neófitos cómo quien firma se adentren, así sea por primera vez, en la obra de Shirley Jackson. Y esta primera vez no será la última.

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