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una secuela para fans

El club de la pelea 2: Una explosión lisérgica

En «El club de la pelea 2» Chuck Palahniuk retoma en clave de novela gráfica su más famosa creación con resultados que, para Rodolfo Santullo, son bastante disímiles, pero que valen la pena, sobre todo, para aquellos amantes de esta íconica historia a la que —veinte años después— al fin se puede volver.
El club de la pelea 2: Una explosión lisérgica

Veinte años después de publicado el libro El club de la pelea —una novela que pasó algo desapercibida en su momento, con alrededor de cinco mil ejemplares vendidos, pero que ganó casi que de inmediato el estatus de «obra de culto»— y unos dieciocho años luego de su adaptación cinematográfica —que esta sí lanzó a Palahniuk a la fama y en sí misma conforma una de las mayores obras de un maravilloso director como David Fincher— el enfant terrible  de la literatura estadounidense retoma los personajes, y —vagamente— el concepto, para ofrecer, acompañado por el dibujante Cameron Stewart y el colorista Dave Stewart (sin relación familiar entre ellos) una lejana secuela en lenguaje de historieta.

Reencontramos al anónimo narrador de la primera historia —bautizado ahora como Sebastian— y a Marla, quien es hoy en día su esposa, unos diez años después del relato anterior. Tienen ahora un hijo de nueve años, viven en un suburbio y la vida se ha vuelto completamente agobiante como supo ser antes. Esto lleva —obviamente, no habría libro en caso contrario— a que regrese Tyler Durden, esa otra personalidad de Sebastian, una personalidad magnética, increíble, capaz de hacer todo y que bien parece que ha venido haciendo de todo en este tiempo —o sea, no estaba tan desaparecido después de todo—, ya que ahora no es tanto un club de la pelea lo que tiene armado, sino más bien una secta con intenciones de conquistar y/o destruir el mundo (es difícil de predecir, dado el carácter volátil de Tyler).

Justo es advertirle al quizá entusiasmado lector —ese que cree, y con razón, que El Club de la pelea es una de las películas más brillantes del siglo XX— que esta novela gráfica abrevia mucho más del Palahniuk escritor que de la estupenda adaptación que el guionista Jim Uhls hiciera de su historia. Y como tal, sufre de los muchos altibajos del autor, capaz de ideas fabulosas al mismo tiempo que niñerías que buscan solo retorcer las tripas de aquel que lee —como un niño que busca constantemente que le marquen los límites—, así como escapar continuamente de una narrativa tradicional o clara. En El club de la pelea 2 Palahniuk apela sí a conceptos cinematográficos —la industria enseña que en una secuela todo es más grandes, más terrible, con más explosiones—, pero no abandona nunca quién es como escritor (con todo lo bueno y malo que eso conlleva), logrando momentos brillantes —esa secuencia de ataques a las obras de arte por todo el mundo— con otros que casi dan a entender que nos está tomando el pelo (o haciéndose el vivo, hablando más en criollo).

La narrativa no lineal de la obra es todo un desafío a su vez —hay verdaderos saltos al vacío en la trama que, a veces, retoman sin advertencia ninguna argumentos o personajes del antiguo relato original—, pero aquí Palahniuk se secunda de un equipo de lujo. Cualquiera de los dos Stewart (Cameron es veterano de DC con obras como Batgirl o Catwoman, mientras que Dave es uno de los tres mejores coloristas de la industria, sino el uno) es capaz de transformar el plomo en oro, y hacen verdaderas maravillas a lo largo de los diez anárquicos episodios que conforman este libro, libro que termina por transformarse antes que nada en una curiosidad, un elemento para aquellos fans del Chuck Palahniuk escritor u otros que luego de vista la película (algo que nunca es poco recomendable) queden con —muchas— ganas de más.


El club de la pelea 2
Palahniuk, Chuck
Reservoir Books (2016)
Páginas: 280
UYU 690

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