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festival de cómics

Crack Bang Boom, pim pum pam

Los pasados 12, 13, 14 y 15 de octubre de 2017, se celebró en Rosario, Argentina, la octava edición de la convención más importante de historietas en Latinoamérica, el Crack Bang Boom, y Rodolfo Santullo nos cuenta todo lo que allí encontró.
Crack Bang Boom, pim pum pam

¿Cómo describir el Crack Bang Boom de manera objetiva? Sinceramente, no puedo. Sí puedo echar mano de datos objetivos para poder dimensionar lo que significa, lo que implica este evento bautizado con onomatopeyas no solo para la realidad de la historieta argentina, sino para la actualidad latinoamericana (no en vano, viajan anualmente y por sus propios medios artistas de Brasil, Uruguay, Perú, Chile y Bolivia).

Cosplay en el CBB8 por Germán López

Dato 1: Octava edición que solo ha crecido en espacios: se celebra en el Paseo de las Artes y el río Paraná, también conocido como CEC (Centro de Expresiones Contemporáneas) uno de los recorridos más populares de la ciudad de Rosario. El espacio actual que ocupa es de tres galpones —inmensos, otrora refugio de embarcaciones, reconvertidos en centros culturales— y una carpa que se ubica al aire libre.

Dato 2: La cantidad de público que asiste ha crecido exponencialmente año a año. Se estima que esta última edición convocó a la friolera de 25 mil personas durante sus cuatro días.

Dato 3: El nivel de sus invitados se sostiene e innova año a año. Quino fue su homenajeado de lujo, pero también pesó como nunca la presencia del estadounidense Frank Miller, leyenda viva del cómic de superhéroes y famoso por las adaptaciones al cine de algunos de sus trabajos (como Sin City o 300). No eran los únicos invitados. Desde Estados Unidos, dijo presente —por segunda vez en el festival— el guionista Brian Azzarello; también, el japonés Hiroaki Inoue; los invitados argentinos, como el ascendente Manuel Loza o el animador y dibujante Ayar Blasco. La región también estuvo representada oficialmente por el ilustrador boliviano Marco Tóxico.

Eduardo Risso y Frank Miller por Germán López

Y una de las estrellas del festival fue su propio organizador: Eduardo Risso. Por sí mismo una razón para asistir a un evento de historietas. El dibujante cordobés es una máquina que no se detiene los días que dura el evento, corriendo de un lado para el otro, pero brindando siempre una firma o una foto a todos los fans que se le acercan. Risso —y su equipo, que son el esqueleto que sostiene toda esta estructura— es responsable de este milagro que se ha sostenido por todos estos años.

Público extasiado aplaudiendo a Frank Miller por Guillermo Turin Bootello

Pero, por fuera de esos datos fríos (o no tan fríos), me gustaría tratar de plasmar lo que significa para nosotros, los historietistas, este evento. El Crack Bang Boom es, en gran medida, la confirmación de que esto que estamos haciendo, esta azarosa carrera artística que elegimos (o que nos eligió, por lo menos a mí no me queda claro), tiene sentido. Los días que nos reunimos de todas partes del continente a la orilla del río Paraná son días de diversión y comulgación, sí, pero también el espacio ideal donde mostrar y conocer qué se está haciendo en materia de historieta en los países vecinos —y que de otras maneras es muy dificil de hacer—; enterarnos por ejemplo que hay una nueva colección de superhéroes bajo el divertido nombre de Capitán Barato; que la imprescindible tira de Ángel Mosquito, El granjero de Jesú, se ha compilado en un solo tomo o que la estupenda novela gráfica de Lauri Fernández, El Pozo, goza ya de una estupenda edición. El Crack Bang Boom es donde nacen colaboraciones, historietas, editoriales y amistades entre artistas.
Es esa misa comiquera que nadie que ame la historieta se puede perder.

Cosplay en el CBB8 por Germán López

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