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Reseña de «Último verano en Tokio»

Verano de cambios

Mientras todavía pensamos en las vacaciones que hemos pasado o planificamos las que están por venir, Sofía Aguerre nos invita a trasladarnos hasta Tokio para profundizar, a través de Sophia – protagonista de la novela de Cecilia Vinesse – en el sentido de pertenencia a una ciudad, a su gente y los conflictos entre diferentes identidades culturales, para llegar a saber quiénes somos.

Paisaje urbano de Tokio

Es frecuente que en verano saltemos a novelas ligeras, frescas y con historias entretenidas que a veces nos dejan un recuerdo lindo. Si bien eso está perfecto y el verano se presta para ese tipo de lecturas, también podemos aprovechar esta estación para zambullirnos en historias que nos lleven a conocer a personajes en profunda transformación y a punto de dar un paso hacia nuevos comienzos.

Esta novela de Cecilia Vinesse nos cuenta la historia de Sophia, una adolescente que vive en Tokio, aunque le queda poco tiempo allí: en una semana volverá a Nueva Jersey, después de cuatro años. Además, su padre vive en París y las raíces de su madre son polacas, por lo que no siente que forme de parte de ningún lugar realmente, aunque se siente muy bien en Tokio. Y ahora debe irse.

Ahora que encontró amigos y un lugar al que siente que pertenece, el trabajo de su madre la obliga a dejar todo eso atrás. Por si fuera poco, su partida se superpone con el regreso de Jamie, quien fuera su amigo y compañero de clase —en un instituto para extranjeros— al inicio de su estadía en Tokio y con quien las cosas no terminaron muy bien. ¿Y quién se cree que es este chico para mezclar la alegría de su llegada con la tristeza de su partida?

Sin embargo, la vuelta de Jamie no es tan molesta como parece. Quizás sirve para hacerle ver a Sophia que lo que siente por David no le hace tan bien y que él no se la toma tan en serio. Quizás sirve para que note que Mika y su amistad son más fluctuantes de lo que deberían. Quizás sirve para darse cuenta de que Caroline en verdad no es tan mala. Y quizás sirva para que entienda que sus padres no son las personas que ella idealiza y que su madre y su hermana son fundamentales en su vida.

Mientras Sophia intenta guardarse todo Tokio en el pecho y Jamie la acompaña para poder volver a sentirse parte de esa ciudad que también ama, ambos retoman lo que quedó pendiente tantos años atrás. Y aunque una semana no sea suficiente para grandes historias y relaciones fuertes, lo que tienen es bonito, a su manera, de la manera que puede ser. Una semana en la que ambos aprenden que los hogares no son solo lugares, sino que se construyen en donde vamos y con quienes estamos.

Con una Tokio contemporánea de fondo, que permea toda la historia de forma ruidosa a veces y con serenidad en otras, esta novela también nos muestra ese amor que se puede sentir por una ciudad que no es en la que crecimos, pero que nos abre sus puertas y forma parte de nosotros. Sophia, nuestra narradora, nos muestra Tokio con ojos llenos de cariño y nostalgia, una nostalgia tal vez basada en recuerdos construidos, como pasa a veces. Su voz también nos va formando una estructura en la que recuerdos y realidades se mezclan para llevarnos a esos últimos días de verano en Tokio, donde todo cambia una vez más y a nuestra protagonista no le queda otra opción que avanzar.

Una novela preciosa para empezar el año así, en constante transformación.

 

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