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un repaso de «Emigrantes», de Shaun Tan

«The Arrival»: La llegada de un libro que hay que leer

Uno de los superpoderes que podemos encontrar en la literatura es el de identificarnos con la historia que nos cuentan. Al menos lograr tal empatía como para comprender el lugar del otro que se está contando. A Federico Ivanier le pasó eso exactamente con Emigrantes, del australiano Shaun Tan, y no quería dejar de compartirlo con sus jóvenes lectores.

«The Arrival»: La llegada de un libro que hay que leer

Un hombre abandona su población natal (digamos, abandona la pobreza de ese lugar… y también a su mujer y su hijo) para cruzar el océano y llegar a hacer una nueva vida en una ciudad que podríamos describir como demente: está llena de objetos incomprensibles, de formas monstruosas, de animales raros y de cosas que flotan. Esta es la premisa sobre la que trabajó el artista australiano Shaun Tan para terminar con una de las obras más bellas y contundentes que hayan pasado por mis manos.

Para empezar, debo confesar que prefiero el título original en inglés —The arrival (La llegada)— que el utilizado en la edición española: Emigrantes, ya que La llegada habla de una conexión y Emigrantes más de una rotura, de un desprendimiento. Y, creo, esta inolvidable novela gráfica tiene mucho más que ver con conectar con lo nuevo que con la tristeza de lo que se deja atrás.

La llegada (o Emigrantes) no tiene ni una línea de diálogo, ni una palabra más luego de ese título. Eso es todo. Y en ese silencio se vuelve poderosa. Transcurre delante de nuestros ojos de una forma que es cinematográfica, pero que no deja jamás de ser una novela gráfica, sea por la disposición de los paneles, por su tamaño o por el simple hecho de que todo el tiempo te está recordando que estás viendo dibujos. Y apenas ves un par, sobre todo los que retratan esta «ciudad-monstruo» (por decirle de algún modo) es imposible desprenderte.

En una textura de blanco y negro, como de fotos antiguas, muy inspiradas en la Nueva York de principios del siglo XX, lo que se despliega ante nosotros es una verdadera epopeya: un hombre común llegando a un mundo nuevo y teniendo que sobrevivir. Este hombre no habla el lenguaje de esa ciudad (que es incomprensible para nosotros también), pero, además, no termina de entender la lógica de esta ciudad (y, de hecho, nosotros tampoco): hay seres extraños, objetos de formas estrambóticas y un funcionamiento que nos es ajeno. Es una ciudad incomprensible.

Ante esa atmósfera llena de extrañeza (y, por qué no, hasta de una cierta fascinación mezclada con miedo a ser devorados), Tan nos pone en la piel de quien se enfrenta a lo desconocido, pero que es lo familiar para los demás. Nunca llegamos a saber bien si esta ciudad es realmente tal cual aparece ilustrada o sus aspectos monstruosos/aberrantes/incomprensibles están todos en la imaginación del personaje principal, y en esa tensión vamos recorriendo las páginas, maravillados, pero con el corazón hecho un puño.

Llega incluso un punto en que es difícil decidir si se trata de una historia fantástica o completamente real. No creo recordar otra obra que me colocara en esa posición de una manera tan definida, al punto de terminar en un estado cercano a la hipnosis. Tan lo logra con un pensamiento cuidadoso de qué imagen elegir para contar, y con un trazo lleno de fantasía y de realismo, lleno de una sensación futurista coexistiendo con algo pasado.

El libro se trata de una llegada, sí, y en muchos sentidos a un nuevo mundo, a una nueva vida, a una nueva versión de vos mismo; es también una llegada al conocimiento y a una identidad que se renueva y se afirma en lo que ya era, todo en una única pincelada, que nos lleva inevitablemente a un final, sencillo pero inteligentísimo y de una estremecedora belleza.

Uno de los grandes poderes de la narración, dice Tan, es el hecho de que nos invite a vivir en la piel de otras personas durante un rato, pero quizá es aun más importante que nos invite a contemplar nuestra propia piel también. Él mismo se vio forzado a hacerlo, al vivir en Australia con un padre nacido en Malasia y al tener una apariencia que no era la común allí. Tan ha tenido la experiencia de ser un inmigrante donde él mismo había nacido y eso se nota en su libro. Porque ser inmigrante puede no requerir un largo viaje, sino simplemente sentirse otro, diferente. Ese estado de inmigración puede ser incluso más doloroso, pero también es un desafío y Tan lo convierte en eso.

Y, finalmente, claro que esta es una obra que te hace contemplarte a vos mismo. Una manera de tratar de ver por qué una obra es genial (o una manera incluso de ver si es genial) es buscar hasta dónde esa obra habla de otros, pero, en definitiva, habla de vos. Nunca antes sentí el vínculo tan fuerte con mis abuelos inmigrantes como al leer esta obra. Pude verlos, pude sentirlos, pude imaginarlos; pude extrapolar hacia los momentos en que yo mismo llegué a vivir a un lugar nuevo… o incluso nada más que a mi llegada a un trabajo nuevo, y unirlo todo, para ver que todos somos parte de lo mismo.

Tarde o temprano, siempre queremos conectar. Para eso, no queda otra que animarse a llegar. No se pierdan este libro.

«Emigrantes», de Shaun Tan

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