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Pócimas literarias: contra la pereza, imaginación y tenacidad.

Información para el usuario: los libros, como la magia, pueden conseguir que sucedan cosas extraordinarias. Lectoras y lectores preguntan y Mariela Peña, escritora de literatura juvenil, recomienda un nuevo libro para cada situación. Para enviar una consulta, pueden hacerlo al correo pocimasliterarias@escaramuza.com.uy.

Pócimas literarias: contra la pereza, imaginación y tenacidad.

Hola, Mari: soy Mica y tengo 16. Mi problema es que no tengo ganas de hacer nada porque siento que no sirvo para nada. Me encantaría hacer miles de cosas pero no encuentro la motivación y además siento que la escuela me consume todo el tiempo y cuando salgo ya es de noche y no puedo hacer nada más que cenar y dormir. ¡Ojalá tengas alguna lectura que me ayude!

Voy a empezar diciendo algo obvio: un libro puede hacernos creer fervientemente que todo es posible. Puede hacernos crear y habitar los universos más maravillosos e imposibles, transitarlos como si fueran reales. Creo que todos los que amamos los libros podríamos ponernos, rápidamente, de acuerdo en este punto. Sin embargo, es probable que alguien me hiciera la salvedad de que, en realidad, los libros que tienen esa capacidad de proponernos dichas aventuras mágicas y transportadoras son los libros de ficción. Yo respondería que eso no es siempre así, que hay libros de no ficción que también tienen ese súper poder. Me refiero a los libros que cuentan historias reales, protagonizadas por personas extraordinarias.

Amigas y amigos, ese es el caso de El niño que domó el viento, una historia que tiene tanto de real como de fantástica y que está contada en primera persona por su protagonista William Kamkwamba. Esta es la lectura que quiero recomendarle a Mica y a toda aquella persona que duda de lo que puede resultar de la conjunción de la creatividad de un niño (yo agrego: adolescente), la imaginación y la voluntad.

La obra comienza situándonos en la infancia de William en Malaui un país africano donde la vida de la gente está atravesada e influida por la superstición y  el temor al poder del hechicero. Un clima impío y un gobierno corrupto hacen que se pierda la cosecha del año y tanto la familia de William, como el pueblo entero, se vea afectado por un hostil período de extrema pobreza.

Como si esto fuera poco, en Malaui el gobierno le da la espalda a la gente, la educación es un privilegio de los pocos que pueden pagarla y la mayor parte de las familias viven sin electricidad dependiendo de lámparas de querosene, que les hacen daño a la salud, o de la madera, para cuya recolecta deben caminar kilómetros.

La circunstancia de William está llena de obstáculos y callejones sin salida. Mire para donde mire hay pena y oscuridad. Cualquiera entendería, sin juzgarlo, que él decidiera bajar los brazos y resignarse a que la vida sea eso: oscuridad. Sin embargo, de adentro de William brota algo, una fuerza que le permite cambiar el destino de su familia, el de un país entero y, por supuesto, el propio. Esa fuerza es el resultado de una idea loca que, en principio, todo el mundo subestima.

Empecé esta reseña diciendo que los libros pueden hacernos creer que todo es posible, ¿recuerdan? Bueno, eso es exactamente lo que le pasó a William cuando leyó el libro Usar la energía. Se propuso, ni más ni menos que llevar la electricidad a su casa. Y le bastó con investigar, probar y fallar unas cuantas veces para crear un molino de viento.

El niño que domó el viento nos cuenta cómo fue ese proceso: la incomprensión, la negatividad y falta de confianza de muchos de quienes lo veían, al principio, los fracasos, los contratiempos, todas y cada una de las obstinadas piedras con las que se tropezó sin desistir jamás. Y, por fin, claro, el triunfo que los dejó a todos boquiabiertos. Y también a mí.

Desde que leí el libro no puedo sacarme a William de la cabeza ni evitar representar y ver en él a todos los y las jóvenes del mundo. Veo en él la creatividad, el talento, la fuerza y la esperanza que tengo en las generaciones que vienen, que son ustedes. Por eso es que le recomiendo a Mica este libro. Porque pienso que puede servirle para que ponga en funcionamiento al mango el poder de su imaginación, su creatividad y la fuerza de su juventud. Pero, hay que levantarse, Mica. Hay que levantarse. Aunque haya días en los que cueste y todo parezca absurdo. Ninguna batalla se gana durmiendo la siesta.

«Un mundo distinto es posible», lo dice este libro, lo dice la historia de William, y lo digo yo cuando digo que un mundo distinto es posible, si ese mundo está en sus manos.

 

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