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literatura infantil para adultos

¿Cuánto cuenta un libro? Trilogía de la exploración

Recibimos nuevamente a la escritoria y psicóloga Virginia Mórtola que viene a hablarnos a los más grandes, a partir de lecturas pensadas para los más chicos. En esta aventura de descubrimientos, Virginia nos presenta tres títulos de la coreana Suzy Lee que, sin palabras, y a través de ilustraciones, nos dicen o proponen muchas cosas sobre los límites y libertades de los creadores.
Ilustración: Suzy Lee

Tome un libro ilustrado para chicos. Cualquiera sea, el que más le guste. Pequeño o grande. Largo o corto. En colores o en blanco y negro. Lujoso o de bolsillo.

Hojéelo. Véalo. Léalo. Delo vuelta. Manoséelo. Huélalo. Desempolve su niñez, refresque sus gustos, alerte su mirada, transparente su corazón, métase en ese mundo, relájese, siéntase libre, disfrute.

No hace falta nada más para entrar en ese universo.

La otra lectura, Isvantch

El encuentro con un libro es íntimo, cuando es encuentro. Al entrar en el universo de la lectura se producen un sinfín de sucesos que se experimentan, con la variedad singular de la experiencia, sin ser pensados. No será lo que aquí suceda. Si desea entregarse a ese placer, le sugiero que vaya directo hacia los tres álbumes de los que hablaré: La ola (2008), Espejo (2008) y Sombras (2010), editados por Barbara Fiore.

Estos tres álbumes sin palabras de la autora coreana Suzy Lee cuentan historias sencillas en las que todas las partes del libro acompañan la narración de las imágenes. Y el margen medio de las hojas juega un papel fundamental. La ideología subyacente nos presenta un universo infantil donde las protagonistas son niñas que exploran, descubren y crean. Podrían ser la misma: dibujadas a carbonilla, con líneas simples, curiosas e intrépidas, atraviesan el temor y la tristeza, imaginan universos de fantasía y juegan. Los adultos son una presencia lejana que permite disfrutar de ciertas ambigüedades y encontrar respuestas personales.

«Ella es yo», dice Lee, «como una niña que ha estado conmigo toda mi vida. Por supuesto, ella no tiene que ser realmente como yo, pero cuando pienso en una protagonista valiente, curiosa, desafiante y positiva, algún rasgo particular de una niña sale de mi lápiz».

En La ola la protagonista se acerca por primera vez al mar y se enfrenta a lo inmenso de lo desconocido: mira con desconfianza, se burla, huye, es arrastrada por la fuerza del mar, juega, descubre y disfruta de lo novedoso. Es, también, la historia de un vínculo.

Espejo explora el encuentro con la imagen reflejada. La línea que separa las páginas marca la frontera entre la niña real y su reflejo. Crea un mundo simétrico. Las ilustraciones pueden mirarse como un flipbook que cuenta sobre la mirada de la niña sobre sí.  Aquí el vínculo con ella misma.

Sombras transcurre en un desván. Inicia y culmina con el clic de la lamparita, que proyecta las sombras de los objetos. El amarillo y el margen de la página delimitan el mundo de la fantasía y el juego, con todos sus matices, que se apoderan de la escena y borran las fronteras.

La mismísima Lee en su libro Trilogía del límite (2014) devela los artificios técnicos y cuenta sus intenciones creativas en estas tres obras. Apenas se publicó La ola en inglés, la autora recibió un mail del propietario de una librería del Reino Unido que manifestaba su confusión acerca de la ilustración en una de las dobles páginas. Decía: «¿Es que nosotros no lo hemos entendido o es un fallo de la imprenta?». A partir de este suceso, donde el fallo y la incomprensión son protagonistas, decide contar su proceso creativo.

«Cuando abrimos un libro», escribe, «las dos páginas que quedan expuestas ante nosotros se convierten en un amplio espacio. De hecho, son dos espacios separados con sus respectivos márgenes, pero el lector tiende a ignorar el pliegue central mientras lee. Hay una regla tácita en edición según la cual los ilustradores deben evitar dibujar en el centro de las dobles páginas para no interferir en la lectura. Pero ¿qué ocurre si se ignora esa regla a propósito?».

¿Fallo o incomprensión? Ruptura de una regla.

«¿Qué sucedería si en lugar de ignorar el pliegue de la encuadernación decidiéramos aprovecharlo? ¿Y si hiciéramos un libro a partir del uso de ese punto de conexión entre las dos páginas? ¿Y si los componentes físicos del libro pasaran a formar parte de la historia? ¿Y si el libro como objeto interviniera en lo que leemos?»

El límite de la hoja se vuelve elemento discursivo al ser utilizado con intención. En Espejo es el límite entre la niña y su reflejo, en La ola marca la frontera entre lo conocido y el universo por explorar, y en Sombras delimita la realidad concreta de la imaginación. En los tres, este límite se va difuminando a medida que avanzan las historias, ambos lados se atraviesan y confluyen en uno. Las niñas que culminan, luego de atravesar cada una su historia, no son las mismas del inicio.

El disfrute estético que ofrecen estos tres libros los transforma en obras de arte para todas las edades. Si no se resistió y leyó esta nota antes de conocerlos, le sugiero que tampoco se resista a ellos.


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