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Hablar con la lengua

Qué difícil es hablar el español

El español es una lengua tan compleja como rica y diversa. La Barra Equis, en su deambular por Montevideo, descubre en las y los diferentes hablantes de la ciudad variedades lingüísticas que responden a cuestiones geográficas, sociales, contextuales e históricas.

Qué difícil es hablar el español

Ya estaba desparramándose la noche sobre el centro de Montevideo. La Barra Equis recorría la ciudad, meta preguntarle cosas a la gente.

—¿Qué es eso de meta andar haciendo cosas?— preguntó Bravo.

—Flor de aventura —sonrió Charlie.

El edificio grande y luminoso les llamó la atención.

—¿Qué es esto? ¿El ayuntamiento, la alcaldía?

—La Intendencia —contestó amablemente un hombre que pasaba. Se presentó: se llamaba Manuel y hacía tres meses que había llegado de Cuba. Y, aunque no había tenido complicaciones en adaptarse, algunas cuestiones todavía lo tenían confundido.

—Aquí hablan español igual que yo, pero hay muchas cosas que no entiendo… —aprovechando la situación, les alcanzó una lista de palabras que había ido juntando durante su estadía. La Barra Equis enseguida se dio cuenta de cuál sería su misión de ese día y se puso manos a la obra.

—Lo que pasa es que las lenguas varían con respecto a varios ejes —explicó Alfa—. Fijate que algunas de esas diferencias que encontraste son estrictamente geográficas o diatópicas: en los pies, donde en Cuba usan tenis, acá usan championes.

—Hay otras diferencias que son socioculturales o diastráticas —agregó Bravo—: en algunas variedades, aunque manejan los championes sin ningún problema, prefieren usar bases.

—Y si te ponés a charlar con un gurí chico, seguramente encuentres palabras diferentes que al hablar con un veterano.

—Ya veo… ¿gurí? —preguntó Manuel, ya más animado que antes.

—Ese es otro tipo de variación, que se llama diafásica o de registro: acá, charlando en la vereda, ese que pasa andando en bici es un gurí o un botija; en la escuela o en un ámbito más formal es más correcto decirle niño, nomás —aclaró Charlie.

Alfa y Bravo lo miraron confundidos: —¿Botija? Esa no la tengo —añadió Alfa.

—Bueno… se escucha cada vez menos, aunque es una lástima porque es una palabra preciosa. Pero es cierto que a veces algunos términos caen en desuso y otros nuevos entran en juego. Esa es la variación diacrónica.

—Creo que entiendo: entonces, aunque todos nosotros hablemos la misma lengua y podamos entendernos, lo hacemos de forma distinta —afirmó Manuel, entusiasmado por lo que estaba aprendiendo. Alfa, Bravo y Charlie se sonrieron entre sí: la misión estaba cumplida.

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