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cuestión de palabras

Que, de que y sus ismos

En este espacio, Silvana Tanzi y María Eugenia Martínez exponen ciertos tropiezos que pueden cometerse a la hora de escribir. A partir de anécdotas lingüísticas, nos invitan a aprender piques y reflexionar juntos sobre nuestro idioma. Silvana Tanzi nos enseña con ejemplos cómo evitar el queísmo y el dequeísmo, enemigos legendarios de la gramática.
Foto: Mauro Martella

«No tengo miedo que se acabe el mundo. Tengo miedo que siga igual.»

Quien escribió este mensaje estaba muy preocupado. Tal vez por eso no reparó en un mal menor para el mundo, pero no para la escritura: el queísmo. Se llama así a la omisión de la preposición de antes de que.

El mensaje tendría que decir:

«No tengo miedo de que se acabe el mundo. Tengo miedo de que siga igual».

Hay que pensar que cuando tenemos miedo es de algo. Si sustituimos la frase que empieza con que por las palabras eso, esto o algo nos damos cuenta de que ese de es necesario. Porque cuando nos damos cuenta es de algo.

Otro recurso es preguntar: ¿De qué tengo miedo? Si usamos el de en la pregunta, también lo usamos en la respuesta: Tengo miedo de que el mundo siga igual.

El queísmo se produce cuando nos autocorregimos para no caer en el error contrario: el dequeísmo. Con algunos verbos (como pensar, opinar, decir, ver, oír) el complemento directo no va precedido por la preposición de. Por eso están mal estos casos que se usan más en el habla que en la escritura:

Pienso de que la ley es un mamarracho. (¿Qué pienso? Pienso que…)

Recordó de que vendría hoy. (¿Qué recordó? Recordó que…)

¿Es correcto el de que en esta oración?:

Se enteró de que su novio era casado.

Sí, es correcto. Una prueba de que no todo lo resuelve la gramática.

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