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cuestión de palabras

El mismismo

En este espacio, Silvana Tanzi y María Eugenia Martínez exponen ciertos tropiezos que pueden cometerse a la hora de escribir. A partir de anécdotas lingüísticas, nos invitan a aprender piques y reflexionar juntos sobre nuestro idioma. María Eugenia Martínez toca un problema invisible que sería bueno que todos empecemos a visualizar: el mismismo.
El mismismo

«Rogamos no tirar papeles en el inodoro. El mismo obstruye los sanitarios e impide el buen funcionamiento de los mismos durante la fiesta». Lo entendés por experiencia, porque tenés algunas noches de fiesta en tu haber, pero no por lo que está escrito.

Un día cualquiera, alguien que sabía que es elegante evitar las repeticiones dentro de una oración pensó que quedaba bien escribir el mismo para referirse a algo que había nombrado antes. Y en ese humilde acto creó una plaga lingüística que afecta cada vez a más personas.

¿Por qué está mal? Dice la RAE: «Es innecesario y desaconsejable el empleo de mismo como elemento vacío de sentido, cuya única función es recuperar otro elemento del discurso ya mencionado». Y es que hay clases de palabras que están especializadas en esa función de recuperar algo ya dicho: los posesivos (su, sus), los demostrativos (esta, este), los pronombres (él, ella).  Esos son elementos propiamente anafóricos, algo que mismo no sabe ni qué quiere decir.

«Trazado de hoyos y apertura de los mismos». Si este autor hubiera pensado un segundo en nosotros, hubiera escrito «Trazado y apertura de los hoyos». Más corto, más claro, mejor.  La mayoría de las veces mismo, misma, mismos, mismas puede suprimirse sin más. Si no, dependiendo de la frase, se puede apelar a esta, este, su, sus, él, ella…

Si ya estás contagiado y nada de esto te convence, volvé al ejemplo del inodoro y verificá cómo esta plaga puede generar ambigüedades, atascar los textos y generar mal olor.

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