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cuestión de palabras

Decímelo claro

En este espacio, Silvana Tanzi y María Eugenia Martínez exponen ciertos tropiezos que pueden cometerse a la hora de escribir. A partir de anécdotas lingüísticas, nos invitan a aprender piques y reflexionar juntos sobre nuestro idioma. ¿Qué les parece si hoy nos proponemos dejar de dar rodeos cuando escribimos y nos expresamos con claridad? Silvana Tanzi nos aconseja cómo hacerlo en esta nota.
Foto: Mauro Martella

«Es más fácil atrapar un conejo que un lector», sentenciaba Gabriel García Márquez en sus consejos de escritura. La recomendación le hubiera venido bien a quien escribió esto:

«Se podría decir que la temática que trataremos en este artículo es importante para comprender las diferentes transformaciones que se han vivenciado a lo largo de los años en relación a la problemática del área de estudio».

Bueno, si así empieza el artículo, solo se leerá por obligación. Quien lo escribió usó muchas palabras para decir muy poco. Vamos a simplificarlo con la fórmula «menos es más»:

Se podría decir que la temática El tema que trataremos en de este artículo es importante para comprender las diferentes transformaciones que se han vivenciado a lo largo de los años en relación a la problemática del área de estudio.

Podar lo que sobra: es el consejo que dan todos los buenos escritores. Evitar rodeos del tipo «se podría decir que». En lugar de anunciar, ¿por qué no decirlo? También evitar palabras como «temática» o «problemática» (que están de moda), o cambiarlas por otras más precisas que apunten al tema o a los problemas. Las palabras precisas ayudan a entender y recordar el texto.

Otra moda: usar el verbo (inventado) «vivenciar». Hay mucha gente que está «vivenciando problemáticas». O abusar del «diferentes»: viajó por diferentes ciudades, habló con diferentes personas... O escribir: «a lo largo de los años», ¿en serio es necesario?

Otro consejo: «Escribe con sangre, como si la tinta fuera tan valiosa que no la pudieras desperdiciar». Es del escritor norteamericano Denis Johnson (1949-2017). Él escribía con sangre. Y qué bien lo hacía.

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