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cuestión de palabras

Cuidado: gerundios a la vista

En este espacio, Silvana Tanzi y María Eugenia Martínez exponen ciertos tropiezos que pueden cometerse a la hora de escribir. A partir de anécdotas lingüísticas, nos invitan a aprender piques y reflexionar juntos sobre nuestro idioma. Los partes policiales muestran delitos que se cometen a diario; lo que no quita que quienes los redactan comentan delitos lingüísticos imperdonables, como el abuso de los gerundios.
Foto: Mauro Martella

«Un hombre ingresó a un predio, hurtando dos lechones, siendo sorprendido por el propietario de la finca, dándose el autor a la fuga en una bicicleta, siendo luego detenido, incautándosele herramientas para realizar la faena, ubicando luego a uno de los cerdos muerto».

¡Ah, los partes policiales! Son un semillero de gerundios. En este ejemplo hay un delito penal (el abigeato) y un delito de escritura: los gerundios incorrectos. Estas palabras terminadas en ando, yendo o iendo son un poco complicadas, tal vez porque pertenecen al grupo de los verboides, quiere decir que derivan de un verbo pero no son verbos (como los humanoides, que tienen algo de humanos pero no lo son).

El gerundio se emplea correctamente cuando tiene valor adverbial e indica una acción simultánea o anterior a la del verbo que complementa. Por ejemplo:

Un hombre ingresó gritando (acción simultánea) √

Viendo que no había nadie, ingresó al predio (acción anterior) √

Pero en el parte policial, un hombre ingresó hurtando, siendo sorprendido y dándose a la fuga... Todas estas acciones son posteriores a ingresar, por lo tanto los gerundios son incorrectos. Este «delito gramatical» se llama gerundio de posterioridad.

La solución: convertir los gerundios en verbos conjugados: 

Un hombre ingresó… hurtó… fue sorprendido… se dio a la fuga…

El misterio: ¿Cómo haría para escapar con dos cerdos en bicicleta?

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