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detectives en los ángeles

Mucha madera para escribir: Michael Connelly y Harry Bosch

Michael Connelly es una de las plumas más representativas del noir contemporáneo. Con un ritmo brutal, saca una novela por año que, lejos de decepcionar, mantiene atentos a los fieles seguidores de personajes como Harry Bosch o Mike Haller. Otro caso que resuelve nuestro detective literario: Hugo Fontana.

Mucha madera para escribir: Michael Connelly y Harry Bosch

Dice James Ellroy en su novela Perfidia que la Segunda Guerra Mundial terminó de fundar la ciudad de Los Ángeles o, al menos, de darle las características que conserva hasta el día de hoy. Una urbe enorme, de más de ciento veinte kilómetros de ancho, habitada por cuatro millones de personas que proceden de más de cien países y hablan infinidad de lenguas, es el escenario más preciso para que un hombre conquiste el anonimato con absoluta facilidad. Y seres anónimos es lo que necesita la novela policial: gente que se pueda ocultar, que cometa sus monstruosos delitos y no sea identificada de buenas a primeras, que proporcione todas las dificultades posibles al investigador que vaya tras sus pasos. No en balde el policial noir nació en sus calles hace ya más de noventa años y dio autores de la talla de Dashiell Hammett y Raymond Chandler.

Pero no fue solo gracias a esos dos nombres que el género creció sin detenerse: a ellos se fueron agregando decenas de novelistas que, en estos últimos años, nos han acercado a dos referentes indiscutibles: el ya mencionado Ellroy y el creador del detective Harry Bosch, el prolífico Michael Connelly. Nacido en Filadelfia en 1956, desde muy joven Connelly trabajó como periodista policial en periódicos de Daytona y de Fort Lauderdale, Florida, hasta que logró pegar el salto y ser contratado por Los Ángeles Times. A aquellas épocas pertenecen los cuarenta y tres artículos que reunió en el libro Crónica de sucesos, y que abarcan desde 1984 a 1992, cuando, tras publicar una de sus mejores novelas, El último coyote, pudo dedicarse exclusivamente a su obra de ficción.

Connelly ha dado vida a varios investigadores, pero su creación más perdurable es el detective Harry Bosch, cuyo apellido es un homenaje al pintor Hieronymus Bosch (el Bosco), que ha participado en más de veinte títulos de una saga que parece no tener descanso y que ha vendido millones de ejemplares. Veterano de la guerra de Vietnam (las novelas trascurren a fines del siglo pasado), Bosch es un tipo tan talentoso como complejo: solitario, honesto y eficaz, casi siempre en problemas con sus superiores del Departamento de Policía de Los Ángeles, a tal punto que es frecuente encontrarlo separado de su cargo y desempeñándose como detective privado. Carga además con una infancia oscura, marcada por la muerte de su madre, una prostituta asesinada en un suburbio de la ciudad, caso que podrá aclarar recién cuando ya se haya convertido en oficial y luego de haber participado en decenas de investigaciones.

Connelly ha creado también al abogado Mike Haller (hermanastro de Bosch), al detective Jack McEvoy y a la oficial de policía Renée Ballard (su última invención, que debutó en la novela The Late Show, publicada en 2017), pero acaso el personaje que más se repite en su obra es el de la propia ciudad de Los Ángeles («Siempre he pensado en LA como la versión moderna de El jardín de las delicias», declaró recordando una de las obras más famosas del Bosco), donde trascurren las historias de, entre otros títulos, El eco negro, La rubia de hormigón, Más oscuro que la noche, Ciudad de huesos, La habitación en llamas, El poeta o La revocación.

La plataforma Amazon dio a conocer en 2015 Bosch, una estupenda serie que ya va por su cuarta temporada, y que tiene al propio Connelly como productor ejecutivo y guionista. En esta, y para ajustar tiempos, Bosch es un veterano de Irak, vive en una casa modesta, pero con una magnífica vista a ese infinito manto de luces que es Los Ángeles; está divorciado, tiene una hija adolescente, y más enemigos dentro de la policía que fuera de ella. El encargado de darle rostro, cuerpo y voz al detective es el actor Titus Welliver, y es casi seguro que quienes hayan leído alguno de los libros de Connelly celebren entusiastas una interpretación tan certera.

Sexo, drogas, pedofilia, asesinos seriales: esos son algunos de los temas recurrentes con los que se enfrenta Bosch en sus investigaciones. «Yo saco casi un libro por año», le dijo Connelly al periodista español Carlos Geli, «y eso permite añadir temas contemporáneos, permite la denuncia social como pocos (géneros) y quizá explique su éxito». Y a su vez, consultado sobre los cambios políticos en su país, concluyó: «Las turbulencias de Trump aumentarán la división social, pero al género nos va a dar mucha madera para escribir». 

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