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Libros para regalar

Insólitas bibliotecas

Encuentros casuales, fortuitos, esporádicos o prolongados, son los que se producen en algunos rincones de la casa de Mariangela Giaimo con los libros de arte. La docente y colaboradora nos ofrece un paseo al interior de la casa en el que encontramos títulos tan visuales como bellos, tan reflexivos como contemporáneos.

«Buttercups», Lucian Freud (1968)

Es fin de año, época de los jazmines y perfume a Navidad, y las ganas de renovar el repertorio de libros sobre arte crecen. Por otra parte, casi siempre pensamos en los libros como objetos que deben estar en el lugar privilegiado y sagrado de las bibliotecas. ¿Qué pasaría si pensamos los libros de arte fuera de los estantes, como objetos encontrados en diferentes rincones? ¿Quién dijo que los libros solo se encuentran en la biblioteca?

Aquí propongo —a partir del juego— algunos libros recomendados y diferentes oportunidades de encontrarlos en el espacio doméstico. Por supuesto que hay muchas más conexiones. Es una invitación a realizarlas.

1. En el living

Tradicionalmente este ha sido el espacio de la televisión, ahora convertida en un plasma. A través de ella —también de la radio, los periódicos, el celular o la compu— entra la información sobre el afuera, es decir, nos presenta las cosas, el mundo y los sucesos. Con ella consumimos discursos de una realidad que en los últimos meses estuvo plagada de imágenes sobre enfermedad y muerte, como los fallecimientos en las últimas semanas de figuras públicas como Tabaré Vázquez y Diego Maradona. Junto a ella encontramos el libro La imagen Desvelada. Prácticas fotográficas en la enfermedad, la muerte y el duelo, de Montse Morcate y Rebeca Pardo (Sans Soleil Ediciones, 2019), una serie de ensayos sobre la fotografía hoy.

Este libro trata la representación de la enfermedad, el dolor y la muerte en la fotografía, en los medios de comunicación y nuevas redes —como Facebook—, y en el campo artístico. En especial, hace énfasis en las personas que aparecen representadas, así como las que producen esas imágenes, quienes las circulan y preservan. Estas imágenes son «bordes» o «marginales», dicen los editores, porque ponen en discusión los límites de lo aceptable, al mismo tiempo que para algunas personas se presentan como una forma de control sobre la representación del dolor.

Conceptos como la remediación, la apropiación, la preservación o transformación se presentan como fundamentales en los ensayos que atraviesan la problemática, por ejemplo, de la condición humana, lo doméstico y lo autorreferencial. De esta manera, se analizan imágenes sobre cáncer de mama desde la antropología médica, la del arte y los estudios de cultura material y visual; los retratos de personas con sífilis —y la vinculación con el imaginario de Pablo Picasso—; las imágenes de álbumes familiares, hasta el archivo de duelo online y la función memorial —colectiva y privada.

Otro libro de fotografía para tener en el living que ayuda a pensar la construcción de la realidad es Clic! Fotografía y percepción, de Guido Indij y Ana Silva (La marca editora, 2017). Este propone una selección de textos de autores consagrados como Barthes, Berger, Dubois, Gubern, Rancière, Schaeffer, Metz, Sorlin, Tagg, Vilches, entre otros, sumamente accesibles a la lectura. Desde la perspectiva semiótica, lingüística, filosófica y de análisis del discursos, los fragmentos dan cuenta de diversos abordajes de las imágenes, que inocentemente se creen como simples mímesis de la realidad.

 

 

2. Por el jardín o en el balcón.

Para quienes disfrutan de un lugar en que el sol, el aire, el afuera se conecta con el interior, encontramos Flower. Exploring the world in Bloom (Phaidon, 2020), un libro de imágenes, en el que el goce está en la selección y la puesta en conjunto —colección— de 300 imágenes de obras —pinturas, esculturas, dibujos— en que las flores son las protagonistas. La naturaleza, y en especial las flores, han sido tema de las artes. Pensemos en el Cyanotypes of British Algae de Anna Atkins (1843), por ejemplo. En este librazo de mesa se puede descubrir —a la vieja usanza— el placer de contemplar imágenes sobre un concepto clásico de «lo bello»: la naturaleza en su esplendor.

En el libro encontramos reproducciones de obras de la era dorada del arte holandés, de las flores asiáticas y todo el exotismo de lo oriental, hasta el presente. Un paseo entre Oriente y Occidente condensado en 351 páginas. Entre las fotografías destaca Buttercups de Lucian Freud (1968), un ramo de flores dentro un gran lavabo —todo luminoso, limpio y brillante— en unos tonos amarillos y con una pincelada que recuerda lo efímero de la belleza. En este caso cabe poco para pensar en ciertas estéticas de Instagram, de fotografías de lo cotidiano, de lo banal o intrascendente que tantos likes obtienen en las redes. La calidad de la fotografía y su impresión en el papel es otro de los aportes fundamentales del libro.

 

3. En el armario de las cosas útiles

¿Quien no tiene un mueble, en alguna parte de la casa, en el que guarda cosas que en algún momento pueden servir? A veces es un cajoncito o un centro de mesa, ese lugar donde encontrás algo que te salva en algún momento. Ahí muchas veces está lo clásico, un tesoro, lo que siempre funciona. La Historia del Arte, de E. H. Gombrich (Phaidon, 2019) —o directamente «El Gombrich»— es otro libro que en sí mismo es bello de tocar –sus páginas son satinadas— y se constituye como una biblia. Es un relato desde la iconología y con influencia del psicoanálisis que ordena artistas, obras, lugares y contextos. Como detalles a tener en cuenta, recordamos que posee imágenes de todas las obras que analiza —pero solo las que considera «obras maestras»— y delimita el campo del arte dejando fuera objetos afines o disciplinas como el diseño.

Sin embrago, es fundamental, para los recién llegados al tema del arte y la historia del arte, hacerse con uno de los padres fundadores de la historia de la disciplina, que recopila desde las primeras pinturas rupestres hasta el arte experimental —aunque se sabe de las pocas «ganas» del autor con respecto al arte moderno. «El Gombrich» se vuelve una referencia y permite mirar hacia el pasado, actitud fundamental para valorar la propia producción artística contemporánea.

Este es un ejemplo de esos libros que cuando uno tiene una duda o una consulta, siempre va a encontrar alguna pista para adentrarse en tema, y en este caso, con una edición de delicado diseño gráfico.

 

 

4. En el cuarto de estudio

Y en el espacio de trabajo de la casa está La cuestión del arte en el siglo XXI. Nuevas perspectivas teóricas (Paidós, 2019) de la escritora y ensayista argentina Elena Oliveras: filosofía y estéticas contemporáneas en el arte actual. El libro está dividido por capítulos en los que toma un pensador —Agamben, Rancière, Nancy, Onfray y Bourriaud, los más conocidos y Vermeulen y van den Akker—y desarrolla su propuesta filosófica. Este es un libro actual, sobre el hoy, sobre el desarrollo del día a día.

En especial, se abordan ciertas estéticas como lo quirky y la autoficción —el protagonismo de los sentimientos en obras que integran lo biográfico y la ficción—; el nuevo romanticismo y la resignificación de lo sublime; el wink —la importancia del gesto artístico como algo que no se alcanza totalmente a comprender—, entre otras. Con respecto a lo quirky esto se vincula con lo queer como un poder transformador y de posibilidad de nuevas utopías.

En esta propuesta, se amplía el campo del arte con respecto a las disciplinas tradicionales—se hace referencia a películas y exposiciones—; se pone en consideración la figura del curador, el arte y la política; la importancia de la utopía en el arte en tiempos posmodernos, todo con ejemplos dan cuenta del ámbito latinoamericano. Cada capítulo puede ser utilizado para desarrollar un tema, quizás en un ambiente de clase, a nivel terciario, volviéndose entonces un libro muy útil para la enseñanza de las artes.

 

5. En el dormitorio

Y en el lugar de lo onírico y la libertad —algunos viven así al dormitorio, aunque a veces uno caiga como plomo en la cama— tenemos otro libro: historia del arte —así todo en minúscula— de la artista y educadora argentina Diana Aisenberg (Adriana Hidalgo Editora, 2019) que se presenta como otro tipo de libro. Es, como dice su contratapa un «diccionario de certezas e intuiciones». Ya vamos entendiendo por dónde va el espíritu de esta propuesta que quiere escapar a los diccionarios hechos por investigadores o críticos: es un glosario extensísimo de terminología utilizada en las artes. Nos encontramos con enumeraciones, información, recomendaciones y autorías colectivas.

Este libro es un juego, es una propuesta para indagar en los sentidos, los sensoriales y los culturales, que se utilizan en las artes. No hay imágenes, no hay ilustraciones, lo que hay es texto, mucho, que dispara imágenes. Invita a leerse de diversas maneras: de forma lineal, como un abecedario, o quizás, a abrirlo cada tanto en una página y retomar uno de los términos que allí se explican. O, hasta también, realizar un juego al estilo cadáver exquisito tirando palabras y buscando qué propone la autora.

Es así que la belleza es «fugaz, griega, ideal, moderna, métrica, natural, pura, típica» o como «usted», «la nuestra» o la «aceptación satisfecha». El despojo es como un «sobrante, desecho, basura», pero también «místico candor, despojo es amor, arena y piedra». La mentira es «piadosa», «mentirita», «de mala fe», «hacer el verso», «tiene patas cortas», «Lenguaje del alma», «discurso contrario a la verdad» o «engañarse a uno mismo, hacer trampa». Es un libro en que se pueden encontrar disparadores poéticos que iluminan, rompen y explotan definiciones.

Bien para el dormitorio.

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