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HUMANISMO EXPANDIDO

Historia de la noche: sobre «Gaspard de la nuit», de Élisabeth de Fontenay

Conocida por su trabajo sobre el mundo animal, la filósofa francesa Élisabeth de Fontenay hace un reconocimieto a su hermano, diagnosticado con «psicosis infantil», en un ensayo sobre las vidas silenciosas. Francisco Álvez Francese, colaborador de Escaramuza en Francia, nos invita a aventurarnos en Gaspard de la nuit, obra reconocida con el Premio Femina 2018.

Élisabeth de Fontenay, premio Femina de ensayo 2018.

Si algo parece haberse puesto en duda en estos tiempos, y con particular énfasis a partir de la segunda mitad del siglo pasado, es el humanismo. Desde puntos filosóficos distintos y a veces antagónicos se ha atacado, de forma constante y creciente, esta exaltación de lo humano, que lo entiende como el ser privilegiado del pensamiento por ser el único animal dotado de razón y, sobre todo, de la palabra, lo que lo diferencia de otras entidades vivientes y lo hace capaz de decirse y, en ese gesto, construirse y elaborar una serie de principios o valores que son considerados sus atributos definitorios.  

Hoy, los ataques más recurrentes vienen de una suerte de búsqueda de superación de esa definición, sobre todo a través de la ampliación de su alcance por el lado de las innovaciones tecnológicas, ya sea en tanto aleación del cuerpo con lo maquínico como a través de la exaltación de lo mecánico y lo inanimado en general, que en última instancia pone en duda (o directamente niega) la existencia de algo esencialmente humano. En este entorno de pugna de discursos, cuyos orígenes se remontan para algunos a ciertos extractos de la obra de Marx, mientras que para otros tienen su base en Nietzsche o en ciertas ideas de Freud y, más cerca en el tiempo, de varios de los pensadores calificados, brumosamente, de postestructuralistas, el libro Gaspard de la nuit, de la francesa Élisabeth de Fontenay, propone una crítica más cautelosa que, en lugar de negar el humanismo, busca expandirlo.  

En efecto, es a través de la vida de su hermano (a quien resguarda bajo el seudónimo que nombra el libro, tomado del clásico de Aloysius Bertrand) que De Fontenay cuestiona el humanismo, aunque sin alejarse demasiado de sus preceptos. Estos cuestionamientos, en todo caso, son más un marco que el centro de estas reflexiones, y no son inéditos en la obra de la filósofa, autora de libros como Le Silence des bêtes (1998). Aquel libro, que veía la filosofía bajo la luz de la animalidad, no habría sido posible, según la autora, sin la experiencia de vivir con su hermano handicapé, anglicismo que se utiliza en francés para denominar a las personas con algún tipo de discapacidad, ya sea a nivel físico como psíquico. En su caso, el entonces niño fue diagnosticado con una poco clara «psicosis infantil», aunque De Fontenay piensa que se trata más bien algún tipo de autismo, que ella metaforiza a través de esa noche en la que parece vivir Gaspard, incapaz de establecer vínculos emocionales, al menos de forma manifiesta.

En una conjunción inteligente de poesía y filosofía (¿quién las había separado?) que le valió el Premio Femina del año pasado, la filósofa de 85 años se propone hacer a la vez una suerte de autobiografía intelectual, retrato íntimo, y, sobre todo, testimonio que busca preservar en la letra una vida que en apariencia no pudo expresarse ni perpetuarse, pero que marcó su reflexión de forma radical. Así, De Fontenay se mueve en los márgenes de la conjetura (ella usa un poco problemáticamente el término ficción) y la memoria, entre lo vivido y lo supuesto, entre lo sabido y lo imaginado, para recorrer varios momentos cruciales de su vida, de la vida de sus padres (él, miembro de la resistencia francesa, ella, judía convertida al cristianismo), y, sobre todo, la obra de muchos de los pensadores que más ayudaron a formarla, desde Descartes a Althusser, pasando por Heidegger, cuya relación con el nazismo es confrontada por la filósofa, en uno de los mejores momentos del breve libro, que a su vez cuestiona la posibilidad misma del humanismo de convertirse en argumento a favor de eugenesia. Sin embargo, y a pesar de lo que se podría pensar en primera instancia, en una entrevista reciente con Alain Finkielkraut, De Fontenay se define tanto especista como contraria a la idea de inclusión, ante la que ella propone la idea de integración.

En su vaivén entre citas y anécdotas, entre lo que pasa y lo que queda, entre el ensayo y la lírica, el libro se mueve en torno a lo innombrable. En primer lugar, porque eso es lo que sucede con el origen de su madre (que debió mantenerse secreto durante la ocupación nazi y que después De Fontenay reivindicó) y lo que, en otra medida, ocurre con su hermano, encerrado o libre, más allá de su nombre, en un mundo impenetrable y propio.

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