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reseña

Scott Pilgrim: El superhéroe que todos podemos ser

Scott Pilgrim es, además del joven músico enamorado de Ramona Flowers que protagoniza el cómic homónimo, la historia que —sin lugar a dudas— Federico Ivanier se llevaría a una playa desierta para leer una y otra vez.

Scott Pilgrim: El superhéroe que todos podemos ser

Scott Pilgrim tiene veintitrés años, vive en Canadá, toca el bajo en una banda llamada Sex Bob-Omb, donde su exnovia Kim es la baterista y la gran figura es el vocalista, Stephen Stills (Scott siempre lo menciona con nombre y apellido, porque Stephen es «el talento» de la banda). Scott hace un año rompió con su novia, comparte el apartamento con un amigo gay (que pagó por todo en la casa, hasta por el cepillo de dientes de Scott) y está saliendo con una chica china de diecisiete años, llamada Cuchillos Chau, que todavía va al liceo. Por supuesto, con Cuchillos todavía no ha pasado nada, ni un beso. Scott no lo lamenta y su vida parece estar en un extraño equilibrio.

Sin embargo, pronto, al final del primer capítulo, somos testigos de un sueño de Scott, donde lo vemos en un desierto, sin nada más. Oh, sorpresa, nos enteramos, por su propia boca, de que se siente increíblemente solo, solo como nunca; pero en este sueño aparece, poco menos que volando, una chica cuyo nombre aún no conocemos pero que no vacila en decirle que deje de quejarse tanto. Cuando Scott le pregunta si al menos podrían apretar un rato, ella ya se fue.

La cosa no termina ahí, porque, si bien Scott ha soñado simplemente con esta chica, pronto se la cruza en una biblioteca y luego se la encuentra en una fiesta. Allí Scott averigua más acerca de ella. Resulta ser que esta hermosa pobladora de sus sueños es Ramona Flowers, recién mudada desde Nueva York y trabajadora de una poderosa y conocida compañía de internet que te lleva las compras a tu casa. De hecho, ella es quien las lleva. Tras un intento de conversación infructuoso en la fiesta, Scott va a hacer lo que haría cualquiera con un centímetro de sentido común: va a comprar algo online y cuando ella se lo traiga, va a invitarla a salir, sin más, sin vueltas, sin miedo y sin tampoco mucho sentido de la oportunidad.

Nada mal hasta ahí como historia, pero no crean que spoileé nada, porque el centro de la trama girará en torno al momento en que Scott de veras empiece a conocer a Ramona y se encuentre con que ella ha tenido varios novios en el pasado, novios que ahora regresan como «novios malvados», totalmente al estilo supervillanos, literalmente a romperle el alma (y el cuerpo). Conquistar o no a Ramona será, entonces, mucho más complicado que invitarla a salir o caerle bien. Conquistarla será derrotar a los novios malvados, que van a ir a por Scott a como dé lugar.

Lo peor de hablar de algo que te encantó es que nunca encontrás las palabras justas. Desearía decir muchísimas cosas más, desearía poder comunicarles lo increíble, alucinante e inolvidable que es leer esta saga de seis volúmenes escritas por el mitad franco-canadiense, mitad coreano Brian Lee O’Malley. Supongo que lo más conciso que podría decir es que se trata de una de esas obras que me llevaría a una isla desierta, luego de que termine el mundo o se llene de zombis. Pero de todos modos, siento que me quedo corto. Porque Scott Pilgrim no es solo una historia de amor contada en estilo manga (y con fantasía a lo manga), sino la construcción de un universo por el que es imposible no sentirse (y desear ser) arrastrado.

Es también la construcción y el desarrollo de personajes que se sostienen perfectamente delineados y sólidos desde el primer volumen al último, al punto de que llegás a tener miedo de que vayan a saltar de la página y ser gente de verdad. Muy pocas sagas consiguen mantener personajes interesantes a lo largo de muchas páginas. El avance del texto suele irlos degradando, convirtiendo en algo que o bien es una cáscara o nada más que un resto de algo. Acá, no. Acá, los personajes todo el tiempo encuentran luces nuevas para iluminarse y mostrarse distintos, sin dejar de ser ellos mismos.

Algo parecido ocurre con la historia. A medida que la iba leyendo por primera vez, obviamente, iba pensando, okey, ¿cómo te las vas a ingeniar ahora, mi querido Brian Lee O’Malley, para mantener la tensión? Ya sabemos que van a venir más novios supervillanos. ¿Para dónde vas a ir ahora? ¿Qué vas a hacer? Pero como gato en la leña, este autor se mueve llevando la historia hacia lugares nuevos e inesperados, que hacen de cada volumen una sorpresa. Y el humor… Ya nomás el sentido del humor que revienta en esta saga debería ser una razón más que suficiente para leerla entera.

El cómic, como formato, está a medio camino entre la literatura y el cine. Se nutre de ambos lugares y por eso es una forma artística inmensa e inconmensurable, llena de posibilidades. Sin embargo, su mayor fortaleza está en lo visual y O’Malley, que también es el ilustrador de Scott Pilgrim, consigue contar una historia visual de manera exuberante, siendo efectivo en cada ocasión, incluso en blanco y negro (o, quizá, precisamente porque es en blanco y negro). En talleres de guion que doy suelo decir: el diablo está en los detalles. O sea, lo importante está en los detalles. Y cada detalle en las ilustraciones es poderoso, sobre todo lo que refiere al «acting» de los personajes. Los gestos calzan a la perfección siempre y en apenas un par de paneles ya te convenció plenamente de lo que está ocurriendo y parece que los personajes se movieran por sí mismos.

En fin, no vacilen. Crean en Scott Pilgrim. Incluso si su película (como era de esperarse) no les gusta tanto como me pasó a mí, crean en él. No van a arrepentirse.

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