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reseña

Días de vino y rosas

En Hans Fallada: El bebedor, el artista berlinés Jakob Hinrichs rescata la vida del escritor Rudolf Wilhelm Friedrich Ditzen —más conocido como Hans Fallada— y adapta al mismo tiempo su más famosa novela.

Días de vino y rosas

Aclaremos los tantos: el libro se llama Hans Fallada: El bebedor. E incluye, en parte al menos, una adaptación de El bebedor, novela que Fallada escribió entre 1943 y 1944, mientras se encontraba internado en el manicomio de Strelitz, luego de disparar un arma de fuego contra la que era en ese entonces su esposa. Pero esta novela gráfica incluye también distintos aspectos de la vida de Fallada —una vida cargada de desgracias que bien podrían haberlo transformado en el Horacio Quiroga alemán— que se ven reflejados directamente en la composición de El bebedor. Por tanto, lo que va logrando Jakob Hinrichs es algo harto difícil: una narración en paralelo que entremezcla realidad y ficción al punto de que se vuelven inseparables e incluso indistinguibles.

Hinrichs va orquestando la vida de Fallada a raíz de mojones dramáticos —que incluyen, entre otros, la muerte de uno de sus mejores amigos en un pacto suicida (el que Fallada, obviamente, no cumple), la muerte de algún hijo, el ya mencionado ataque a su esposa— pero que van llevándolo inexorablemente al consumo de drogas y alcohol, hundiéndolo más y más en un descontrol del que no saldrá nunca, pero donde, al menos, la ingrata internación en un manicomio —y no hay que imaginar mucho las condiciones de un manicomio alemán durante la Segunda Guerra Mundial— le permitirá organizarse lo suficiente como para reflejar sus experiencias en una novela. El bebedor nos cuenta la caída en desgracia del empresario Erwin Sommer, un pequeño comerciante de la Berlín de entre guerras, al que un par de errores empresariales —y la sensación constante de sentirse menos que su esposa— lo llevan a empezar a beber. Primero ocasionalmente y, por fin, de manera descontrolada y desmedida es que Sommer va transformándose en un alcóholico autodestructivo.

En manos de Hinrichs, promediando la novela, no hay forma de distinguir entre Fallada o Sommer. Las distintas experiencias de uno se cruzan con las del otro, y el artista aprovecha además para vincular a sus protagonistas distintos aspectos de lo que era producir cultura —en ocasiones disidente— durante la Alemania nazi. El propio Fallada no logró escapar de la censura y, posteriormente a la internación que aquí se refleja, debió limitarse a escribir «novelas de entretenimiento». Por su parte, la novela gráfica también da cuenta de otros artistas arrollados por la maquinaria fascista, siendo el caso de Plauen —nacido como Erich Oser y responsable de la popular tira Padre e hijo— un humorista gráfico antinazi que terminaría quitándose la vida por la persecusión del régimen, el más rutilante y el que más marca deja en Fallada para criticar «el estiercolero en que se ha transformado Alemania».

«Lo que me interesaba mucho fue que cuando leí el libro El bebedor había situaciones que no terminaba de entender. Luego encontré muchos puntos comunes entre Fallada y su personaje literario, como el alcoholismo, la cárcel, la pelea con su mujer. Haciéndome preguntas, investigando, descubrí que uno tenía mucho del otro. Entonces decidí que el libro debía ser sobre Fallada y no solamente sobre su novela», contó Hinrichs a su paso por la pasada Feria del Libro de Buenos Aires —donde vino a presentar este libro— y donde fue recibido con gran entusiasmo. Un entusiasmo más que merecido. Hans Fallada: El bebedor es un libro que sirve como introducción para muchas cosas: la vida y obra de un autor importantísmo y poco difundido, más allá de sus fronteras; el que quizá sea su libro más importante y la labor tan particular —y difícil de encarar, en un principio por su estilo de dibujo, pero hay que tenerle paciencia que la recompensa— de un artista como Jakob Hinrichs, nave insignia de la actual historieta alemana.

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