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En mi mayor

John Lydon I: El que era el anticristo

La vida de John Lydon, autobiografiada y publicada por primera vez en 1993, vuelve a ser contada a través de las palabras de Tüssi Dematteis.
Foto: Dennis Morris

Producto en parte de la rabieta que le había producido la detallada biografía de los Sex Pistols, publicada por el periodista Jon Savage en 1991, John Rotten Lydon decidió dar su versión de su rol en dicha historia, publicando la primera autobiografía de la generación punk.

Lydon no solo fue pionero a la hora de relatar su vida de punk precoz, sino que también lo fue para contarla no una sino dos veces: veinte años después de editar Rotten. No Irish, No Blacks, No Dogs el cantante sacaría otro libro autobiográfico, bastante más extenso, llamado La ira es energía (Anger Is an Energy) y que, a diferencia del anterior, que casi no trataba de su carrera con Public Image Limited —grupo que, con distintas formaciones, ha tenido una trayectoria  y discografía mucho más extensa que los Sex Pistols, y, para muchos, una influencia no menor en el rock disidente—, abarcaba con cierto detalle lo que hizo luego de abandonar a las pistolas sexuales, a la vez que volvía a contar lo narrado en Rotten, pero con una perspectiva bastante distinta.

Pero este primer libro es una obra bastante feroz, escrita por un hombre próximo a cumplir cuarenta años y que se había destacado por tratar de «demasiado viejos» a los músicos contemporáneos a los Pistols que habían pasado los veinticinco. Lydon vivió toda la aventura de los Sex Pistols entre los diecinueve y los veintidós años, cuando quemó las naves y casi de inmediato pasó a escribir el material de PiL, es decir, era alguien extraordinariamente joven, si se tiene en cuenta al revisar sus no menos extraordinarios textos para ambas bandas.

John Rotten Lydon en 1976 por Ray Anderson

En 1993, cuando editó Rotten, PiL y Lydon parecían haber llegado a un punto muerto de su inflamable y corrosivo periplo artístico; una nueva generación de punks —la del rock indie, el grunge y, por qué no, las raves— lo había sucedido en la punta de lanza de la música disonante y hostil, y, aunque lo tenían como un punto de referencia estético-ético ineludible, sus últimas exploraciones musicales parecían algo tímidas —al menos superficialmente— en relación con lo que la generación de Kurt Cobain  y compañía proponían. El grupo que lo acompañaba se había disuelto y, si ya era una sensación extraña el haber visto cómo los rockeros que juraban no envejecer llegaban a la mediana edad, la incomodidad era aún mayor si se trataba de un punk de ojos saltones y pelambre multidireccional. John Lydon era un hombre aún joven, pero ya era un punk viejo. Sin embargo, la desintegración de PiL y la ausencia de horizontes en su carrera fueron compensados en parte por una reconciliación de Lydon con su etapa de Sex Pistol, que le había resultado conflictiva al proponer, con su banda siguiente, una música muy distinta y no recurrir jamás a volver a interpretar sus clásicos del setenta y siete.

Sex Pistols en 1977 por Bob Gruen

Calificado de «traidor al punk» por el puritanismo del hardcore y el punk más dogmático, Lydon había asumido el distanciamiento y se había dedicado a provocarlos grabando con viejas glorias hippies; aproximándose a géneros musicales tabú; utilizando sintetizadores, en lugar de guitarras, y, esencialmente, no estando nunca donde se esperaba que estuviera. Si se pensaba un poco, no había una actitud más profundamente punk que esa, pero reducido a un dogma y a una serie de gestos, buena parte de lo más infantil del punk lo repudió. Luego de hacer esgrima durante más de una década con este rechazo, y luego de renegar él mismo de su nombre artístico de Podrido, el libro es, sobre todo, un acto de reclamo de su rol en la historia del punk y de su nombre de Sex Pistol, Rotten, pero, también, de todas sus identidades, incluyendo la poco conocida de hijo de irlandeses que siempre se sintió un extranjero en Inglaterra, y que está señalada por el subtítulo del libro, que reproduce un texto habitual en los hoteles ingleses de hace algunas décadas: No Irish, No Blacks, No Dogs.

John Lydon en 1993, en vivo con PiL en Roseland, para la BBC

La edición en castellano agrega una bajada promocional un tanto redundante, al aclarar que se trata de «la autobiografía autorizada del cantante de los Sex Pistols y PiL». Sería rarísimo encontrarse con una autobiografía no autorizada, a no ser que esta hubiera sido birlada de su computadora como esos sex tapes que suelen ser curiosamente hurtados a las celebridades que extrañaba la prensa. Pero, en este caso, la redundancia tiene un cierto sentido, ya que se trata de un libro mixto que, más que estar escrito de puño y letra por el músico, se trata de una extensísima desgrabación de entrevistas y edición de textos a cargo de Keith y Kent Zimmerman, y, no solo contiene la voz escrita de Lydon, sino también la de otros ex-Pistols y diversos músicos entrevistados para la ocasión, quienes, generalmente, confirman su punto de vista y el gran motor del libro: el resentimiento hacia Malcolm McLaren, exmanager de los Sex Pistols, contra quien acababa de librar un extenso y áspero juicio legal por los derechos de la banda y su nombre.

El hombre que relató y escribió Rotten no es el que volvería sobre sí mismo en La ira es energía, pero eso ya es otra historia, una nueva historia más general. Rotten es más que nada un ajuste de cuentas.

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Rotten. No Irish, No black, No dogs
Lydon, John

Antonio Machado (2015)
Páginas: 400
UYU 765

 

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