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En mi mayor

La aspirante: Chrissie Hynde

Tüssi Dematteis nos presenta una biografía a todo riesgo: la vida de Chrissie Hynde como una Pretender y como ella, tal cual es: una mujer con actitud y sin arrepentimientos.
Foto: Derek Ridgers

Por más que todos nos consideremos únicos, lo cierto es que la enorme mayoría de nuestras vidas son aburridoramente vulgares y nulas en términos de novedad u originalidad. Este no es el caso de Chrissie Hynde, cantante, guitarrista y compositora de The Pretenders, quien puede decir, sin falsas modestias, que fue la primera música que se paró en una auténtica igualdad de condiciones en el hasta entonces homogénicamente masculino mundo del rock. Por supuesto que hubo músicas y compositoras que la precedieron, a veces como atractivo excéntrico (The Runaways, Suzi Quatro) y otras veces con un talento lírico o compositivo aún más refinado (Joni Mitchell, Patti Smith), pero nadie había ocupado el rol de frontman —en este caso obviamente frontwoman— de una banda con tanta naturalidad e independencia de su género como esta nativa de Akron (Ohio), que floreció artísticamente en Londres, a una edad (28 años) en la que en aquel entonces una persona —y ni hablar de una mujer— era considerada poco menos que una anciana para comenzar una carrera rockera.

Chrissie Hynde en 1981 por Steve Morley

Reckless: My Life As A Pretender es el relato de esa vida excepcional y sin precedentes, o para ser exacto, del camino hacia la fama y la notoriedad de una chica inquieta y desorientada en un tiempo de grandes cambios sociales. De una infancia llena de interrogantes en medio de esa nada del centro de Estados Unidos que es Akron, a una adolescencia atravesada en forma definitiva por el todavía joven rock’n’roll y el vagabundeo geográfico y espiritual hasta el encontrar un lugar propio —y como dijimos antes, nuevo— en un mundo que la hipnotizaba pero que no parecía tener un rol para alguien que no quería ser Janis Joplin, sino Keith Richards. El relato de este periplo se interrumpe luego de la muerte —en circunstancias sin conexión pero por el mismo motivo (drogas)— de James Honeyman-Scott y de Pete Farndon, guitarrista y bajista respectivamente de la primera y gloriosa formación de The Pretenders. Estas muertes no significaron, ni remotamente, el fin de la carrera de Hynde y su reconstruida banda, que aún tenía por delante varios de sus mayores éxitos. Tampoco en lo personal está completa una historia a la que aún le faltaban nuevos casamientos, hijos, la experiencia de ser una madre estrella de rock y decenas de anécdotas futuras. Se podría tener la sospecha de que todo este material fue reservado para un segundo volumen de memorias, pero mi impresión es más bien que Hynde tiene en claro que ahí, en ese trecho del camino, está todo lo crucial. Tal vez no lo más grande, exitoso y notorio, pero sí lo más significante.

The Pretenders en 1980 por George Rose

Reckless es de esas autobiografías que pueden leerse más como una novela en primera persona que como el relato informativo y falsamente objetivo de una trayectoria. Hynde escribe sus memorias como escribe sus letras; con picardía, dobles entendidos, espacios de silencio y una habilidad literaria asordinada que no siempre se le ha reconocido en su justa medida. En ocasiones, esta sutileza —que rayaría lo pudoroso si no se intercalara con fragmentos de una honestidad bastante desvergonzada— hace que sus relaciones sociales se hagan bastante borrosas; una amistad musical o un contacto artístico se presenta de pronto como una relación sentimental o sexual, sin que sepamos cuándo se convirtió en tal, si siempre fue así o si la autora considera que no hay una gran diferencia sustancial, lo cual no sería de extrañar en una vida que es relatada como una voluptuosa sucesión de aciertos y errores, y por donde desfilan personajes como los Sex Pistols, los Clash, Ray Davies, Iggy Pop, Chris Spedding y Lemmy Kilmister, retratados no con la mirada subordinada de la fan o la groupie, sino con el interés orgulloso del colega aprendiz, del pretendiente. No hay quejas ni arrepentimientos, ni siquiera de los mayores errores y bajezas que narra o reconoce.

Chrissie Hynde en 1994 por Ebet Roberts

Increíblemente, esta mirada sin pesares y asumiendo todas las responsabilidades de su vida, terminó generándole fuertes fricciones a Hynde —a quien podría considerarse un emblema de la mujer artista independiente y enérgica, haciéndose un lugar en un universo distintivamente masculino— con muchas voceras del feminismo actual cuyos padres aún no se conocían cuando Hynde ya batallaba los escenarios salvajes del Londres punk. El motivo de la crítica parece ser la negativa explícita de la guitarrista a considerarse una víctima inconsolable de las malas experiencias que cuenta en el libro, que incluyen algún abuso sexual, y su decisión de hacerse cargo de todas sus decisiones, tanto las valientes y visionarias como las irresponsables y dañinas. Pero sería un exceso de atención a la tontería el detenerse en esta polémica y seguirle la corriente a gente que no entendió que Reckless: My Life As a Pretender es una historia de otro tiempo, en el que todo estaba por hacerse, y que su autora está muy orgullosa de haber estado ahí como una persona, como una rockera, no un póster motivacional. Reckless es un ejemplo vital porque nunca trata de serlo; los que busquen algo más pedagógico, ni siquiera entendieron el título.


A todo riesgo. Memorias airadas de una Pretender
Hynde, Chrissie
Malpaso (2016)
Páginas: 368
UYU 680

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