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Teatroencasa: «Conductas en cuarentena»

«El teatro, la ficción, son lugares de encuentro, en lo material y en lo sensible, concreto e intangible. Ahora las funciones no están, pero las teatralidades nos habitan, ya no hay vuelta atrás, el teatro está en nosotros». Marianella Morena escribe y dirige Conductas en cuarentena, un proyecto internacional para desbordar las fronteras entre lo público y lo privado, entre la calle, el balcón y la casa.

Teatroencasa: «Conductas en cuarentena»

En este, de exceso de intimidad uno desarma hasta los inventos del YO. El otro que soy, ese que opera sobre mí cuando tengo que salir, y dar pruebas de mi realidad.

Ahora no tengo chance, debo dejar afuera, bien afuera los animales que me habitan, aunque hay uno, chiquito y peludo que me saluda. Hoy vino a despertarme, y no quiero hacerme cargo de él. Siempre aspiré a que me dominaran demonios, cosas más salvajes. Da prestigio luchar con oscuridades cada vez que enfrento la masa cotidiana, al imbécil de mi jefe, a la persona que duerme al lado que ya no deseo.

Tenía la idea de armar tantos YO como fueran posibles, uno por semana, pero eso no era lo más exagerado sino que eran sostenidos por bestias.

Hoy, mientras afuera la ciudad nos grita quedémonos en casa, este apocalipsis donde somos protagonistas me obliga a una desnudez no programada: no estoy preparado para estar a solas conmigo, nadie me avisa con tiempo.

 ¿Qué hago conmigo en todo este tiempo? BASTA, hay que tener consideración, hambre de humanidad, eso.

Me gusta esa frase: «hambre de humanidad».

Hoy desapareció el otro que estaba enfrente mío, tantos otros que se sucedían en el pasillo, el ascensor, la calle, el ómnibus, el colectivo, el metro, el taxi, el Uber, el café, el bar, la panadería, el kiosco, el otro que se multiplica hasta llegar al otro que me mira que me busca que me desea, el otro que se encuentra en el semáforo de enfrente, el otro con el chico que tuve sexo, el otro con mi pareja, el otro que dice las cosas que yo quisiera decir y canta las canciones que me gustan, el otro que me corta el pelo los martes y me hace masajes los viernes, el otro que me dice los textos cada sábado en el teatro. El otro es interminablemente el otro. Hasta el infinito de mi imaginación. Hasta el finito de mi cuerpo cuando comprobé el largo de mi brazo, que debajo de mi espalda hay un sostén para no caerme, como la cama o la camilla.

Yo. Ella. Él.

Los que no entran en lo binario, los mamíferos trans.

Pero en esta soledad impuesta que me obliga a hablarme, a decirme que quiero y que no, como la dictadura del amor, que arrasa sin piedad, mi bichito se ubica para la selfie.

A solas conmigo me espanté hasta el cansancio. Con todos los YO agotados, con todas las salidas trancadas con todos los cerrojos sellados…

Nuestros escenarios apagados. NO, porque las teatralidades perduran. Acá.

Ya somos teatro, ya somos ficción, y los terremotos culturales desplazan lo concreto.

Lo intangible en Facebook, en Instagran, en redes y en los balcones creativos.

Entonces decido ser el más YO de todos, el del lunes: el negador. SOY EL NEGADOR DE LOS LUNES, ESE SOY. UN GRAN NEGADOR.

Conversé por Skype con amigos, hicimos planes virtuales, hablamos de las boludeces sin decirnos nada, llevaba puesto mi YO más social.

Uno debe levantarse y mirarse y volver a levantarse hasta que definitivamente la vertical sea un hecho, sin que nadie nos diga: estás de pie. Uno lo sabe, como sabe el límite, si decide escuchar al bichito peludo que nos interroga cada día, o no. O si decide prender las noticias, ser obediente, ciudadano, ciudadana, solidario o egoísta.

¿Ese manual nos dan en la cuarentena?

Decido ser el YO que ofrecía a otros, el que compró mi psicóloga en la entrevista, mi pareja cuando nos dijimos que nos queríamos, pero no está. Se fue con la anterior realidad, la de ayer cuando afuera sucedían otras cosas, y no con las calles vacías.

Exceso de palabras en la ruptura del relato, orden pero sin historia.

Luego que el pensamiento amenaza con una locura temprana, nos lavamos, preparamos el desayuno, dicen que la cuarentena sucede mientras en Barcelona los jabalíes bajan de la montaña y recorren las calles desiertas, uno no puede tocarse ni besar, ni abrazarse, dicen que es real, aunque no podamos rozarnos la cara, y lavarnos las manos varias veces al día, pero dicen que es real, que no somos los protagonistas apurados de una serie de ciencia ficción esa que veíamos hasta ayer en Netflix.

Una amiga argentina va de la costa uruguaya a Buenos Aires, vuelve a su casa, y en la misma ruta que era imposible transitar la semana pasada, ahora está puesta como una sábana recién planchada, con la belleza del miedo. SOLA.

«Cuarentena» dicen en el informativo. Hasta ayer el noticiero era un fragmento que nos organizaba por si andábamos muy despistados de tanta literatura encima.

¿Qué haremos después para conocer las procedencias y las identidades?

Entonces suelto al monstruo que llevo atado, que vengo torturando, no he sido buen amo, pero está todavía callado. Uno sabe que afuera hay un mundo, pero ahora no se puede usar. Ahora el mundo somos nosotros.

Ese otro que soy yo.


Conductas en cuarentena es un proyecto internacional del colectivo Teatroencasa, que cuenta con dramaturgia y dirección de Marianella Morena, y en el que ya participan integrantes de varios países diferentes.

Conocé más sobre el el proyecto Teatroencasa: Conductas en cuarentena en YouTube e Instagram.

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