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LIBRO + SERIE

Todas las cartas son cartas de amor

Inés Bortagaray nos deja una reseña de un libro que se ha vuelto también una serie, recientemente estrenada por Amazon: «I love Dick», escrito por Chris Kraus, y con un guion adaptado por Jill Soloway, la guionista y productora de «Six Feet Under». Asistamos entonces a esta locura epistolar, cargada de pasión y desenfreno neurótico, de ese que alerta, pero que hace reír, y mucho.
Chris Kraus

Eso, así, exactamente así, es lo que dice Chris Kraus en I love Dick, la serie de ficción creada por Jill Soloway (productora y guionista en Six Feet Under, creadora de Transparent). Esa es también la primera línea de una declaración obsesionada, ardiente, desopilante, que Chris (secundada por su marido, Sylvère) va redactando en un epistolario cuyo destinatario es Dick. «¿Y acaso no son todas las cartas cartas de amor?», dice Sylère, en I love Dick, la novela de Kraus. Porque I love Dick tiene una doble vida: primero fue un libro (publicado en 1997, convertido desde entonces en un libro de culto entre feministas) y ahora, también, su adaptación en una serie televisiva de ocho capítulos que el 12 de mayo de 2017 estrenó Amazon. El juego de la frase es inequívoco: Dick puede ser el apodo para el nombre Richard, pero también alude (en usos más bien vulgares) al pene.

Kathryn Hahn como Chris

El libro recopilaba una serie de cartas que tanto Sylère como Chris (matrimonio de intelectuales; él, 56 años, ensayista experto en Proust y en el Holocausto; ella, 39, cineasta con varias películas experimentales en la espalda) le habían escrito, en unos días frenéticos, a Dick (presuntamente inspirado en el escritor Dick Hebdige), después de haberlo conocido una noche breve en San Bernardino, California, y se adentraba en el punto de vista de Chris. El libro se leía, según el artista Giovanni Intra, como «una Madame Bovary escrita por Emma». De hecho, a lo largo de las cartas, Sylvère le escribe a Dick sobre su mujer llamándola Emma, y él firma como Charles Bovary.

Llegan a la ciudad porque Sylvère ha sido invitado a dar una conferencia. Durante la cena, mientras los dos hombres discuten tendencias de la teoría cultural posmoderna, Chris nota que Dick la mira, que flirtea con ella. Como la nieve amenaza cortar la ruta, esa noche la pareja pernocta en casa de Dick. Kraus escribe: «Ya en casa de Dick, la noche se despliega como la ebria Nochebuena de Mi noche con Maud, la película de Eric Rohmer». Chris queda azuzada por un mensaje en el contestador automático de Dick: una muchacha le dice que lamenta que «la otra noche las cosas no funcionaran». Dick les muestra un video en donde aparece vestido como Johnny Cash y para entonces Chris ya está rendida a sus pies. Pero luego se dan las buenas noches y se separan. La pareja duerme en una habitación. Dick, en otra. A la mañana siguiente, cuando Chris y Sylvère despiertan, Dick ha desaparecido y Chris observa todo el flirteo como un «polvo conceptual».

Kevin Bacon y Kathryn Hahn como Dick y Chris

Entonces, se desata la pasión. La retahíla de cartas, que empieza a escribir Chris y que pronto comparte con Sylvère, parecen despertar la vida sexual de la pareja, que durante los días siguientes al flechazo solo habla de Dick. Empiezan a escribir cartas.

«Si no consigo que te enamores de mí por lo que soy, quizá pueda interesarte por lo que comprendo. Así que en vez de preguntarme “¿Le gustaré?”, me pregunto “¿Querrá jugar?”», escribe Chris. «Tal vez sea que aquella noche el viento del desierto se nos subió a la cabeza, tal vez sean ganas de novelar un poco la vida. No lo sé. Nos hemos visto unas pocas veces y he sentido una gran simpatía por ti y un deseo de intimar más», dice Sylvère.

Kevin Bacon y Griffin Dunne como Dick y Silvère

Pronto, hay 180 cartas que quieren mostrar a Dick, a modo de declaración. «Pero para entonces esas cartas ya son una forma artística en y para sí, un medio para algo que casi nada tiene que ver con Dick», dice Joan Hawkins en el epílogo del libro que incluye no solo las cartas, sino también conversaciones grabadas, conversaciones y un relato en primera persona (o fluir de la conciencia) de Chris, que conversa con un sinfín de referencias artísticas para entender y nombrar esa pasión que la obnubila (o que acaso la despeja).

Esa es la base que Jill Soloway adaptó en la versión televisiva de I love Dick. La ficción funciona casi como una revancha: así como la mujer se ha visto muy frecuentemente proyectada en personajes cosificados, usados como objetos de intercambio, ahora es el turno de un hombre que aquí malvive. El famoso Dick, que no parece muy contento con la adoración de la que es víctima, visto con una identidad de cosa por alguien que no busca ni necesita de su aprobación ni de su respuesta. Es decir, un hombre sin control. Una afrenta para el misógino Dick.

Lily Mojekwu, Kathryn Hahn y Roberta Colindrez como Paula, Chris y Devon

En la serie algunos asuntos cambian: la historia no transcurre en California, sino en Texas, y más precisamente en una localidad pequeña llamada Marfa. Marfa es un reino estrafalario, lleno de artistas que tienen en alguna medida una relación de dependencia con Dick (algo así como un sosías de Robert Smithson, artista contemporáneo relacionado con el movimiento Land Art), que es quien tiene un gran centro de artes con su nombre (y algunas de sus obras —un ladrillo, alabado por sus aristas—)  y quien otorga las residencias artísticas (Sylvère es, justamente, el último en llegar, se ha ganado la posibilidad de vivir en una casa modesta en Marfa para concentrarse en sus últimos hallazgos sobre el Holocausto; en un guiño muy gracioso alguien de esa comunidad presenta a Chris como «la esposa del Holocausto»). Si bien los protagonistas son ellos tres, hay en la serie una constelación de otros personajes que dotan de cuerpo y sustancia a esa Marfa espectral: Toby, la Venus, una joven artista que desarrolla un estudio sobre la morfología de los cuerpos en el porno hardcore; Paula, la curadora del centro artístico propiedad de Dick; Devon, una genderqueer tex-mex que quiere llevar adelante una performance con todos los varones de Marfa.

India Menuez y Roberta Colindrez como Toby y Devon

Sylvère y Chris llegan al lugar en medio de una sequía sexual que lleva ya casi una década. Han estado juntos mucho tiempo, y desde hace años que la vida sexual está totalmente apagada. Chris ve, casi como una ilusión óptica, a Dick, un vaquero de mirada lánguida y una sonrisa burlona, andando a caballo en el asfalto ambarino de Marfa. Un hombre hecho a la medida de las publicidades de Marlboro en los años ochenta. Luego se agitará al verlo en medio de la residencia, donde simultáneamente su esposo recibirá la bienvenida de otra artista, una insultantemente joven Venus nacida de Botticelli. Después del flechazo, Chris quedará embriagada por la atracción. Esa noche redactará una carta al objeto de deseo: Dick.

Y después de la primera viene la catarata: una cantidad de epístolas que Chris escribirá febrilmente y que pronto adoptarán otra forma: una obra de arte que la impulsiva, neurótica, orgullosa, vulnerable, graciosísima Chris (una gran loser que compone Hahn) querrá pegar en cuanto espacio Marfa le proporcione para hacer pública su enfermedad, su amor por Dick. A lo largo de los ocho capítulos se auscultan dorso y revés del sexo y el deseo («que no es una carencia sino un exceso de energía; una claustrofobia dentro de la propia piel», al decir de Kraus).

Kathryn Hahn, Griffin Dunne y Kevin Bacon como Chris, Silvère y Dick

El quinto capítulo puede verse como un estupendo corto de media hora de duración: un recorrido por la biografía sexual de cada una de las mujeres que protagoniza esta historia y su relación con Dick, o Dick encarnando a todos los hombres del mundo.

Mientras, en cuentagotas, una serie de fragmentos de obras de arte y coreografías acompañan, como una especie de segunda voz o correlato, evocando, quizá, todo aquel campo de referencias con que Chris Kraus, la autora del libro, se había rodeado. Es interesante esta intrusión. Vuelve a la serie un poquito más arriesgada y experimental, como si Soloway buscara un discurso donde el material narrativo (del libro) transmuta en abordaje formal (la serie).

***

Dirigida por Jill Soloway (en Six Feet Under, creadora y escritora de las cuatro temporadas de Transparent), con un guion escrito junto a Sarah Gubbins, la adaptación de I love Dick tiene como protagonistas a Kathyrn Hahn (que todos conocemos como personaje secundario en una infinidad de comedias románticas, la amiga, y como la rabina en Transparent), Kevin Bacon y Griffin Dunne (tal vez lo recuerden por su inolvidable interpretación del protagonista de After Hours, de Scorsese, y director de Joan Didion: el centro cederá —Dunne es sobrino de esta ensayista, una leyenda del Nuevo Periodismo—, documental estrenado el 27 de octubre en Netflix).

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