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Cine

El pentagrama Nanni Moretti

La guionista y escritora Inés Bortagaray compartirá artículos que hablarán de cine y literatura desde un enfoque personal. Inauguramos este espacio con este bellísimo prontuario para leer cinco caras del cineasta Nanni Moretti.
Foto: Germán García Adrasti para Clarín con motivo del Bafici

He aquí una cartografía que se traza en cinco puntos, para acercarse al planeta Giovanni, Nanni, Moretti (Italia, 1953), que visitó, a principios de este año, la 19.ª edición del Bafici en Buenos Aires.

1. Los protagonistas

Como el Antoine Doinel de François Truffaut, que creció, se enamoró, sufrió, se rebeló y siguió creciendo, Michele Apicella protagonizó cinco de sus películas más tempranas: Io sono un autarchico (1976), Ecce bombo (1978), Sogni d’oro (1981), Bianca (1983) y Palombella rossa (1989). Apicella, una invención que interpreta el mismísimo Moretti, es todas las veces en este quinteto de films un muchacho atribulado, irónico, irritable, enamoradizo, neurótico, observador, militante, guardián de las palabras. Los trazos autobiográficos son más o menos consabidos: la relación con el cine, la ideología, el waterpolo, son comprobables en cualquier biografía de Moretti.
Después de Palombella rossa, Apicella no aparecerá. Lo hará, directamente, Nanni, sin acudir a ningún nombre ficticio, asumiendo más rabiosamente su propia identidad, sus preocupaciones, en los dos siguientes largometrajes: Caro diario (1993) y Aprile (1998).
En La stanza del figlio (2001) el padre de familia es Giovanni, un psicoanalista. El guiño autobiográfico se establece en el nombre. La experiencia, en tanto, se interna en las tinieblas y el dolor de una familia con el corazón roto.
En Il caimano (2006), Habemus papam (2011) y Mia madre (2015), Moretti elige representar personajes más laterales, y pone en el centro de la escena a otros: Silvio Orlando y Michel Piccoli, en los dos primeros casos. El de la protagonista de Mia madre es un caso peculiar: Buy encarna a una directora de cine con inquietudes que resultan absolutamente familiares en el universo morettiano. El ejercicio no es de trasposición, sino de traducción. El detalle del propio Moretti, puesto al lado de Buy, como un hermano aplomado, ocasionalmente tierno, ajeno a aquella furia de los primeros días de Apicella, es entrañable.

Nanni Moretti en la piel de Michele Apicella en Palombella rossa

¿Qué viene después? En algunas entrevistas que le hicieron durante esos días porteños Moretti deslizó la posibilidad de que la próxima película sea un policial, comentó que llegó algo tarde a las series de televisión, y que no descarta filmar alguna, aunque el frenesí de los tiempos de rodaje no están en sintonía con sus modos, más lentos y reflexivos.

2. La ideología y las palabras

En Io sono un autarchico Michele Apicella se ríe del lexicón críptico, que asumimos como natural, en los tratados sobre ciencia política: tras leer un manifiesto que habla de los derechos de los trabajadores clama: «Pero yo no entiendo nada, ¿me habré equivocado de ideología?». En Palombella Rossa, Michele se enfurece ante los usos perezosos, estereotipados, vulgares, del lenguaje, al punto de abofetear a la periodista que se disculpa, diciendo que su ambiente es un poco cheap. «¡Las palabras son importantes!», grita Michele Apicella, exasperado. Esa es la misma película donde dice: «Chi pensa male, vive male e parla male. Y luego, ahí mismo: la exclamación recurrente del director técnico del equipo de waterpolo es una muletilla que queda para siempre: «Marca Budavari» o «¿Ti ricordi?», preguntado muchas veces sin pausa y sin expresión, un juego que recuerda la palabra Amarcord (que podría traducirse como «me acuerdo»), título de la bellísima película de Federico Fellini. 

3. La comedia, la tragedia

La genealogía cinematográfica vuelve a Moretti primo hermano de Eric Rohmer y de Woody Allen. Sobrino de Fellini, claro. La comedia romántica se abre en los vaivenes sentimentales de un estudiante deprimido y las dificultades para entender el mundo de las muchachas (Ecce bombo) o el estupor y la tempestad que se ciernen sobre un neurótico cuando experimenta, por fin, el amor romántico, o apenas un instante de felicidad (Bianca).

Nanni Moretti y Nina Sastri en Ecce bombo

El cine de Moretti provoca la sonrisa, la risa, la risotada. Hay fragmentos célebres (las encrucijadas del culebrón estadounidense La belleza y el poder, gritadas en medio de la aridez del volcán de Stromboli, «¿qué sucede con Sally Spectra?»; el capítulo de los hijos únicos, pequeños déspotas que gobiernan la vida de sus padres; la conversación con Jennifer Beals, la protagonista de Flashdance, en medio de la calle). Luego, también, vive la tragedia en el episodio «Los médicos», de Caro diario, en medio de los absurdos laberintos burocráticos a los que fue sometido cuando no le detectaban un linfoma de hodgkin y le hicieron tomar, durante un año entero, un arsenal de medicamentos inútiles. Cunde en La stanza del figlio y el pavor de una muerte inexplicable, la del hijo, y en el paso vacilante de una familia que debe armarse nuevamente. También aparece en las dudas tan naturales, tan próximas, de un papa que no quiere serlo, y que se siente abismado por la presión. Vuelve en la inminente muerte de la madre, en cada epifanía que vive la hija, en el agua que inunda su apartamento, en la aceptación.

4. La geografía y los estandartes

Conocer Roma sin haber ido a Roma, visitarla en verano, recorrer las calles sinuosas en una Vespa, alzar la vista y encontrar postales de un siglo en las casas y edificios retratados bajo un cielo de oro; asomarse a Lipari, a Salina, a Stromboli, llegar al volcán, es posible gracias a Caro diario.
Hay estampas que han quedado para siempre grabadas con sus películas. El centímetro con que se miden cuántos años nos queda vivir en Aprile. Los carteles flotantes con anuncios de helados en la piscina de Palombella rossa (los jugadores de waterpolo se tiran al agua y con el espasmo todos los carteles de cioccolato fondente se sacuden en medio de un oleaje). La alucinada coreografía final en Aprile, con el pastichero trotskista de los años cincuenta. Las canciones de Bruce Springsteen, Leonard Cohen, Brian Eno, el mambo de Silvana Mangano, la voz de Mercedes Sosa en Todo cambia.

Caro diario

5. La compasión

La mirada tan desprovista de cinismo es el corazón en las películas de Moretti. Los personajes se hacen preguntas (sobre la ficción, la misión de un artista, la vida, el final de la vida, los duelos, el desgarro, los ciclos de la naturaleza, las dimensiones ocultas, las partes que guardan las personas que más queremos) y las respuestas no son ni aleccionadoras ni evidentes. Quedan suspendidas en la escena, quedan suspendidas en el cine, quedan suspendidas aún después. Comprendemos los sufrimientos de sus personajes. Conocemos esa clase de sufrimiento, o podemos imaginarlo. Por ellos y su torpeza sentimos ternura o de a ratos repulsión, pero la ternura siempre prima.

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