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Coming of age: a propósito de «Los tiburones», de Lucía Garibaldi

Lucía Garibaldi es una joven cineasta uruguaya que está por estrenar su primer largometraje: «Los tiburones», una historia de iniciación adolescente narrada en un verano de un balneario de la costa, en el que se rumorea que merodean tiburones por la vuelta. Gonzalo Torrens conversó con ella sobre el proceso de creación y acá nos cuenta qué fue lo que le dijo.

Foto: Sofía Córdoba

Tenía muy claro que la primera pregunta que quería hacerle a Lucía era «¿Qué es Los tiburones?», se oía bien en mi cabeza, y nunca antes había hecho una entrevista. Me imaginaba un mar de respuestas ingeniosas, aquello de atar lo tácito con lo simbólico, una pregunta engañosa que tuviese un costado netamente filosófico.
Lucía me miró, la moza a nuestro lado se detuvo para tomarnos la orden;
«Los tiburones es una película», dijo y me quedé callado.

Lucía Garibaldi estudió cine y trabaja como editora, aunque también se ha desempeñado como guionista y camarógrafa. Ha realizado varios cortometrajes premiados, videos experimentales y videoclips para bandas locales. Conozco a Lucía desde que ambos éramos estudiantes en la ECU (la Escuela de Cine del Uruguay), nos separaba un año de cursada, yo estaba en la generación 2005, ella en la generación 2006. Había escuchado hace un tiempo que había empezado a filmar su primera película.
—¿De qué trata?… Bueno, soy muy mala contándolo pero es algo así como diez días en la vida de una jovencita que vive en un pueblo de pescadores en Uruguay previo a que comience la temporada de verano.

Pueblo costero de pescadores, temporada de verano, y con ese título, yo ya no podía dejar de ver a Roy Scheider quitándose las gafas de sol en mitad de una playa repleta de personas completamente aterrado.
—Sabés que las películas de tiburones son casi un género en sí mismo —le dije.
Lucía me miró con sorpresa, ella pidió un whisky y yo un gin tonic, iba a pedirme un agua sin gas, pero su whisky me obligó a tomar coraje.

—En lo único que se parece esta película con otras de tiburones es en lo difícil que resulta filmar en el agua.
—¿Filmaron mucho en el agua?
—Sí.

El director de fotografía de Los tiburones no es otro que Germán Nocella, para él también se trata de la primera experiencia detrás de un largometraje.
—¿Qué hay con el karma de «la primera película»?
«La primera película» conformaba el segundo gran pilar en mi esquema de preguntas.
—Era mucho más fácil, ahora casi no me doy cuenta, pero estaba muy nerviosa en la preproducción; no comía, me costaba dormir. No sabía lo que era filmar una película, había dirigido otras cosas, cortos, videoclips, pero no sabía lo que podía ser filmar una película. El rodaje empezó y fue paz absoluta, armonía, volver a dormir bien y comer tranquila.

La presión de la primera película es una montaña que me persigue desde que siento que puedo filmar cosas, mi mayor miedo es que se desplome encima mío y me aplaste antes de que pueda terminar de escalarla.
Imaginaba que, porque somos de la misma generación y ambos éramos cortometrajistas treintañeros, ese era un miedo compartido pero la respuesta de Lucía me aportó tranquilidad. Se pasa bien, el rodaje es el lugar.
—Ya está, era esto —dijo Lucia.
Y a pesar de que escribió ese mismo guion hace cinco años, su optimismo es real.
—Acá es siempre después de los treinta, en Argentina no, pero acá parece que siempre es después de los treinta. —Ambos nos reímos, la montaña me mira de reojo.

Los tiburones se escribió hace cinco años; Lucía fue quien se encargó de buscar un productor para el proyecto, y lo encontró en Pancho Magnou (productor de Clever, largometraje de Federico Borgia y Guillermo Madeiro), no esperó a que la película fuese a buscarla, sino que todo lo contrario.
Hablamos de que fue un proceso rápido, que además fue fortuito y bendecido por la providencia:
—Lo escribí en el 2012, pero se activó hace dos años con Pancho. Tuve la suerte de encontrar una protagonista genial (Romina Bentancur); la había descubierto en un trabajo que hice para un laboratorio de cine, ella no es actriz, pero fue la primera chica que vi y, aunque parezca mágico y algo pelotudo, supe que era ella. Y estaba creciendo, por lo que había que filmar rápido.
El resto del elenco lo conforman Antonella Aquistapache, Federico Morosini (el vocalista de la hermosa Julen y la Gente Sola), Jorge Portillo (también músico), Bruno Pereyra, Dylan Cortés y, desde Argentina, Fabián Arenillas y Valeria Lois.

Me imagino el póster de Los tiburones colgado de alguna vitrina de un cine y me pregunto adónde cuajará con el tiempo en relación con otras películas uruguayas, aprovecho y le hago esa misma pregunta a Lucía.
—No sé, creo que todas las películas uruguayas son muy criticadas, pero estoy orgullosa de muchas de ellas. Me gustó mucho Whisky, me gustan muchísimo Hiroshima, La vida útil, El dirigible. En el caso de Los tiburones terminó siendo más comedia de lo que yo imaginaba, pero la discusión de «cine de autor versus cine de género» me parece pasada de moda y no me interesa, es una discusión caduca. En todo caso, podría decirse que intenté resistirme a la solemnidad.

Los tiburones, que en 2011 ganó el Fondo de Desarrollo de Guion de Largometraje Ficción, en la segunda convocatoria del ICAU, con el tratamiento de la película, y que volvió a ganar, en octubre de 2015, el apoyo del ICAU para el Fondo de Desarrollo de Proyecto Largometraje de Ficción, se está editando en estos momentos en Buenos Aires y Lucía espera un primer corte en el correr de los próximos días.


Cuando ya solo me quedaba media botella de agua tónica para un vaso sin gin, me contó que, en una oportunidad, durante uno de los laboratorios de guion le dijeron que su película no era más que «otra coming of age movie», algo así como otra película de chicos creciendo y descubriendo las asperezas de la vida.
—En alguna medida los laboratorios pueden ser medio dañinos, pero a mí me encantan esas películas y ojalá no paren de hacerse nunca.

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