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entrevista: alberto charbonnier baudeant

Mi lápiz era el fuego

Mariangela Giaimo entrevista al artista visual uruguayo Alberto Charbonnier Baudeant, permitiéndonos entrar en el fascinante mundo de su arte de fuego y murales; además de conversar sobre las diferentes posturas del arte y su visión particular.
Mi lápiz era el fuego

Son muy pocos los artistas que trabajan con la técnica del fumage, procedimiento que implica trabajar con fuego. También hay pocos artistas jóvenes que en voz alta afirmen que el arte contemporáneo es un bleuf. Esa mezcla explosiva es Alberto Charbonnier Baudeant, artista visual uruguayo, que vive en Uruguay y trabaja también en el exterior. En esta entrevista nos cuenta cómo se vincula con el fumage, critica el sistema del arte y plantea su obra desde la sensibilidad de los ideales y el acercamiento a la naturaleza.

Nació en Colonia en 1986 y comenzó a dibujar desde niño. Estudió en el Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes (Facultad de Artes, Udelar) en el que asistió al Taller Musso. Sus últimos trabajos son murales en Italia —en casas privadas y en una abadía—. Este último espacio se asocia a su obra, que tiene un gran sentido del idealismo: «Me encanta porque tiene que ver con la espiritualidad —en un sentido amplio—, que es un tema central en mi obra, así como la naturaleza».

Su reflexión acerca del arte se asemeja a los argumentos planteados por la crítica e historiadora del arte mexicana Avelina Lésper. Ella plantea que el arte contemporáneo se sostiene únicamente por lo discursivo y se tiende a dejar de lado el objeto en su complejidad técnica. Para esta autora solo vale el arte que implica una experticia sobre una materialidad que debe conmover al espectador. Esto no sucede en lo que ella denomina el arte VIP (video-instalación-perfomance o very important person) que solo «vende» cualquier objeto marketineado por la validación de galerías, críticos, revistas o universidades.

Charbonnier, en esta línea, comenta que «hoy prácticamente es todo un ready-made. Si escarbamos un poco esto no se trata nada más que de dinero. No de arte e intelectualidad. Es mucho más fácil crear ready-made que hacer una escultura con mármol. Es la institución lo que hace que estos objetos sean obras de arte. Ahí no hay creación. Justamente es lo que más se está mostrando en los museos y hay miedo en opinar sobre eso —en especial los que tienen más publicidad—. Y más si sos joven y pensás que eso puede influenciar para no quedar seleccionado para un concurso.  Aunque a veces es una honra que no te llamen a un concurso. Si te informás de lo que ganaba los premios nacionales y lo que viene ganando en los últimos años ves que eso es un chiste. Ganaba lo que era arte».

En el 2016 creó la serie de instalaciones «Siete símbolos en siete días» que expuso en diversas iglesias. Ahora está trabajando en llevar el ciclo de instalaciones a castillos e iglesias de Francia e Italia.  «Mi idea es que a la obra se le sumen otras disciplinas, como coros, porque es una verdadera intervención. La idea es que se vayan sumando otras artes como la danza, por ejemplo».

Su proceso creativo inicia en sus sueños. Eso que él llama el océano del arquetipo. Se sumerge y trae a sus manos una foto, o mejor, una serie de imágenes que implican movimiento. Luego comienza a realizar su obra, que se desarrolla desde diversas técnicas.

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¿Por qué trabajás con fuego?

Vengo trabajando hace casi diez años. Desde las cavernas que se usa, pero las vanguardias le pusieron el nombre de fumage o ahumado. El fumage es una técnica propuesta por Wolfgang Paalen en la que las impresiones están hechas por el humo —ya sea de una vela u otro instrumento—. Más tarde fue empleado por Salvador Dalí, quien lo denominó sfumato. Por mi parte lo trabajo con la hoja de papel, un mechero o una vela, o lo que necesite en ese momento para dejar el rastro negro. Después empiezo a sacar el negro, es decir el hollín. Estuve muy enamorado de esta técnica. Le sumé pastel y se genera una textura increíble. Se genera una piel en los individuos que es una seda. Hoy no lo estoy utilizando tanto. A veces quedaba hipnotizado con la llama y es complicado porque va acariciando la hoja todo el tiempo —con su libertad—. En un microsegundo podés quemar la hoja.

La otra técnica que uso es la grisalla en láminas de oro. Ahí trato de generar similitud con las lacas japonesas. Me parece espectacular el espejado. Trabajo con el lienzo crudo, lo imprimo, le realizo un fondo, le pego las láminas de oro —una por una— y luego hago las capas de veladura. Así aparecen las imágenes. Con esta técnica es con la que hago murales.

Ya que empezamos la entrevista con la discusión sobre el arte, ¿qué es para vos?

Una creación humana en la que se puede ver maestría, inteligencia, manejo de una técnica e inteligencia. El arte no necesita explicación. Un creador es alguien que hace algo diferente a lo que está en la realidad. Es una especie de alquimista. El poder de la transmutación es parte del creador. El arte es como una estructura piramidal: para mí en la punta está el arte sublime, que eleva el espíritu del individuo. En la historia del arte, esto puede verse en el arte sacro.

Hay características, como la soledad, el ego, el odio, que son negativas en el humano y es lo que no hace generar una creación pura, cuando uno se limpia de ellas, puede tener acceso a una conexión y creación diferentes.

Y  la maestría, ¿se trae desde siempre o se construye?

Toda mi vida dibujé. Es algo que tengo adentro. Pero hay gente que en cualquier momento de su vida puede desarrollarlo. Creo que hoy en día —en lo que es el estilo «contemporáneo» mal llamado arte contemporáneo— hay mucha gente que se levanta y se siente artista. En especial personas que presentan objetos y cosas que no crearon ellos. Como por ejemplo el dichoso urinal de Duchamp.

 

 

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