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Soporte: tapabocas

¡El arte o la vida!

La frontera entre el arte, el diseño y la vida se diluye hasta hacerse casi imperceptible, y en los  últimos meses el tapaboca se ha convertido en el objeto de revisión y deseo de algunas prácticas artísticas contemporáneas. Mariangela Giaimo recorre algunas de estas manifestaciones y nos invita a pensar el tapaboca como soporte para el arte.

Máscara de hule con pico de bronce de un lazaretto (hospital para personas con enfermedades infecciosas) de Venecia. Wellcome Collection.

El arte es así: se apropia de lo novedoso, lo intempestivo, lo que sucede en la vida. Hoy le estaría tocando al tapaboca: ese objeto con función higienista es retomado por las prácticas artísticas y afines. A continuación les presento algunos ejemplos artísticos que lo ponen en el centro de la obra y lo usan para fines solidarios, de promoción social, así como expresión de otros discursos. Seguramente hay más obras generándose a partir de este objeto, que ya llegó al museo, institución legitimadora del sistema del arte por excelencia.

El tapaboca fue utilizado en el campo de la medicina —especialmente en el siglo XIX— para evitar las enfermedades, como forma de protección y barrera. Pero ya existía desde antes bajo otras formas. En nuestro imaginario, sigue estando vinculado a esa labor médica, pero también al universo asiático. ¿Quién no tiene la imagen mental de una persona con ojos rasgados con barbijo puesto caminando por la calle? En especial en China, donde las máscaras simbolizan el cuidado de la comunidad y la conciencia cívica.

Ahora vuelve de la mano de artistas como Ai Weiwei, que toma el tapaboca y lo interviene para un fin solidario: su proyecto Mask modificó más de diez mil barbijos para vender a través de eBay y apoyar a Human Rights Watch, Refugees International y Médicos Sin Fronteras en mitad de la pandemia [de covid-19]. En este caso tenemos a un artista que toma un objeto, desde su posición consagrada de artista, y lo transforma —con serigrafías de reproducciones de sus propias obras— y luego lo subasta. Estos no son lavables por lo que ¿se usan como tales una sola vez? ¿O es mejor guardarlos como objeto de arte que cotizará a largo plazo?

Tapaboca intervenido por Ai Weiwei

En Uruguay ya tuvimos una obra urbana con tapaboca: un mural del artista José Gallino. En ella retrataba a su madre con mascarilla con la frase del momento: «Si podés #QuedateEnCasa». Se retiró de la pared —estaba realizado en una lona— por quejas de vecinos. En este caso también este objeto —que aquí es pintado— forma parte de un pedido estatal y una reivindicación ciudadana.

A su vez, el Ministerio de Educación y Cultura, a través la Dirección de Cultura y en el marco de las acciones formuladas para la ejecución del Fondo Solidario Cultural «Ruben Melogno», realizó un llamado de diseños para tapabocas lavables y utilizables. Es decir, diseños basados en obras y piezas nacionales del Museo Nacional de Artes Visuales, el Museo Figari, el Museo Zorrilla y el Museo de Artes Decorativas. Estos tapabocas se destinarán para la comunidad en general con el fin de desacelerar la propagación del virus y se distribuirán también a los visitantes de los museos y teatros públicos. De esta manera, el arte y el diseño se juntan en el tapabocas al estilo de producto de merchandising y, por qué no, de difusión de ciertas obras nacionales.

Mural retirado de José Gallino

En Argentina, Marcos López se realizó un «autorretrato con barbijo» para la revista de fotografía Contraste. En este caso no está el objeto sino su metáfora realizada por otros objetos de desecho, del rubro limpieza. Esta pieza nueva posee una relación con la función original: el artista queda mitad cosa, mitad humano, con una mirada hacia el espectador que reclama fastidio. ¿En qué nos estamos convirtiendo? ¿Podemos respirar con todo esto?

Portada de la revista «Contrastes»

Sí, el arte tiene eso: retoma lo que surge de la vida misma —quizás porque forma parte de ella—, se lo reapropia y lo aprehende para cambiarlo. Francois Jost en su libro El culto de lo banal. De Duchamp a los reality shows explica que antes de Duchamp y el urinario en el siglo XX [La Fuente, 1917], en el siglo XIX los artistas ya tomaban objetos banales, es decir sin cualidades particulares como las botas pintadas de Van Gogh, o anteriormente con las naturalezas muertas del siglo XVIII, entre otros ejemplos. El autor también remarca que el ancestro de los museos es el gabinete de curiosidades, dando a entender que los objetos coleccionables —por rareza, curiosidad o singularidad de nuestro entorno cotidiano— eran ya seleccionados. Toda la historia del arte está llena de ejemplos del uso de objetos —encontrados o no— en las prácticas artísticas. ¿Estará el tapaboca en ese proceso? Sigamos.

Desde el fotoperiodismo internacional también se propone la representación visual del tapaboca. El fotógrafo Alberto Giuliani crea imágenes —de gran calidad poética— que resaltan en el primer plano las marcas dejadas por haber usado el artefacto: presiones sobre la piel, de alguna manera visibilizando a quienes pusieron —y ponen— el cuerpo.

Profesional de la salud del hospital de San Salvatore, Pésaro, Italia. Fotografía de Alberto Giuliani.

En México, el cubreboca es intervenido desde Cuetzalan. Los campesinos —como forma de sobrevivir económicamente— proponen desde el ámbito de la artesanía textil —¿o arte?— y con la técnica de la puntada de pepenado de hilván, mascarillas con iconografía nahua que son importadas a Europa y otras partes del mundo.

En ese mismo sentido, este objeto también es tomado por la artista islandesa Ýrúrarí: trabaja el tejido para la elaboración de tapabocas que se tranforman en una especie de máscara o continuaciones del rostro, de formas monstruosas pero con un toque de ironía y humor.

Máscara de la artista islandesa Ýrúrarí

Estos dos últimos son simples ejemplos —seguro que hay muchísimos más en el mundo de la moda— que se presentan como catalizadores de la problemática de los límites del diseño y el arte.

Estamos esperando obras artísticas que utilicen este objeto. Por ahora el tapaboca inunda los museos, pero desde el espacio público y compartido, por parte de visitantes y trabajadores.

Fotografía del portal Museos.uy

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